El Duende de los Jardines y el Chaman

El duende y el chaman

Todo sucedió en la USAC

Una leyenda poco contada pero iniciemos con esta experiencia con duende. Todos sabemos cómo son de alegres las fiestas en la U, no digamos de las pachangas que se hacen cuando estamos en época de Huelga de dolores, cualquiera puede criticar este tipo de festejos, incluso los que alguna vez se pusieron una buena matraca en alguna de ellas; el que esté libre de culpa que tire la primera piedra, y si está libre realmente de ella, que se cuide que a lo mejor lo apedrean de regreso.

Huelga de dolores de la USAC

Carlos, un muchacho de Sololá, al cual con esfuerzos sus padres lo mandaron a estudiar acá a la capital después de recibirse, empezaba a dar sus primeros pasos en una de las facultades de la Universidad de San Carlos de Guatemala,
en la jornada nocturna ya que estaba buscando trabajo.

Todos los días Carlos asistía a sus clases y regresaba a una casa que quedaba cerca de la entrada de la U que da al periférico donde estaba de pensionista, cenaba, repasaba y dormía, siempre llegaba después de clase a menos que tuvieran reunión con sus compañeros para hacer algún trabajo de algunas de las clases que llevaba.

Un miércoles de tantos a finales del mes de marzo, un grupo de estudiantes encapuchados irrumpió a mitad de una clase, dio el respectivo discurso de bienvenida a los muchachos, exhortaron a que formaran parte de su comité e hicieron la invitación para que participaran de la primera fiesta de viernes de huelga.

Los compañeros de Carlos emocionados comentaban que sería genial que se quedaran el viernes a la fiesta, ya que habría música, baile, comida, etc. y seria seguro que conocieran patojas bonitas, Carlos también estaba alegre de distraerse un poco.

Llego el viernes y el grupo de Carlos se juntó en la caseta del chino, donde venden panes porque así habían quedado un día antes.

Al entrar al edificio ya estaba la disco echando punta, los salones estaban cerrados, y comenzaba a verse los grupos de compañeros que se saludaban, reían, algunos hacían el ajustón para las bebidas espirituosas, otros ya las llevaban, en fin todo estaba muy alegre, Carlos por primera vez probó una cerveza, gracias a un amigo de mayor edad que era repitente y estaba en su clase, este compañero teniendo pena de que pensaran mal de él, sólo llevo dos cajas de chelas a los muchachos, nomás para refrescar la noche.

La música seguía, por ratos bailaban los muchachos con las compañeras y poco a poco los compañeros de Carlos se despidieron, Carlos por pena de dejar solo a un compañero al que se le habían pasado las copas se quedó más tarde, ya eran las 10:20 de la noche.

De pronto el compañero bolo de Carlos, se puso el casco como si nada, encendió la moto en la que siempre llegaba y se fue, dejando al fiel compañero solo en el parqueo del edificio.

El encuentro con el duende

Carlos empezó a caminar hacia la salida de la U, entre remordimientos y cansancio, empezó a recorrer el camino de las columnas azules que van desde el edificio S10 pasando por el S12 y que de nuevo continúa más arriba.

Muchos no conocen la Universidad por las noches y los que si la conocen saben bien que es muy solitario, imagínenselo sin luz en los corredores.

Apresuro el paso cuando iba por las canchas de básquet que están pasando el edificio S12, pasó por farmacia donde ni un alma se veía, noche calurosa de verano sin luna.

Cuando estaba a unos 10 metros de la AEU (Asociación de Estudiantes Universitarios) vio una sombra entre una macolla que está en frente de la Asociación, una macolla es un conjunto de flores, tallos y hojas que nacen de un mismo pie.

Un gato pensó…

Cuando ya estaba en frente de ella, quedó petrificado al ver salir de entre la planta a un hombrecito de unos 35 centímetros de alto, con sobrero y un rostro oscuro.

El hombrecito le habló en un idioma extraño, que Carlos no pudo reconocer.

Carlos cayó al suelo, sintió el cemento frío y entre el trauma del golpe y el miedo miraba al hombrecito hablándole en dialecto extraño, ojos rojos y rostro negro, el hombrecito con sombrero se reía a carcajadas de él.

El peor momento de su vida pensaba él y a centímetros de su rostro sentía el frío aliento del personaje que parecía alegrarse incluso del golpe que acababa de llevar.

Carlos sabe que no es algo natural, ni de este mundo como dicen los abuelos, hace lo posible y se sobrepone, le cuesta andar, siente que los pies le pesan como ladrillos mojados.

Empezó a caminar con mucha dificultad, un duro y penoso recorrido escuchando en todo el camino la voz y las carcajadas del duende, él sólo quiere estar en su casa con sus papas.

Tocan la puerta de una casa, es media noche, la señora pregunta: ¿Quién es?

Ve por una ventanita de la puerta y ve que es Carlos, abre la puerta, ella ve la palidez de su rostro, el muchacho tiene fiebre, diarrea, se desmaya por ratos, ella está a punto de llamar a los bomberos para que se lo lleven al hospital.

Carlos toma su teléfono ya en su cama, llama a su casa en Sololá, habla con su mamá, a veces en español, a veces en dialecto maya, le cuenta todo lo que paso al detalle, repite mucho la palabra “duende” y dice que la necesita, que quiere regresar con su familia.

En la mañana se ve un automóvil de color rojo saliendo de una casa de huéspedes que queda cerca del periférico, con destino a Sololá…

Dos semanas después, estaba uno de los elementos encargados de la seguridad en la USAC al cual llamaremos Elfido, en el turno de la noche, dentro de rectoría.

Tomaba el último sorbo de café antes de hacer ronda, le dice a los muchachos que ira a revisar las garitas de acceso a la U y que vuelve pronto.

Toma las llaves de una cuatrimoto y se dirige al portón de la avenida Petapa.

Son las 12 de la noche, ya es Abril, llega a la garita y para su sorpresa el elemento de seguridad está afuera platicando con un muchacho a la par de un automóvil rojo.

Elfito molesto llama al elemento de seguridad y le pregunta si es familiar suyo el muchacho o que está pasando, el elemento de seguridad le dice:

Acá jefe nomás platicando con el compañero, en lo que los otros tres regresan al carro.

Elfido pregunta: ¿y dónde están los otros tres? Y ¿Por qué los dejaste pasar?

A lo que el seguridad le responde:

Los deje entrar un ratito para que levanten un fantasma que dejaron botado.

Más molesto Elfido le dice:

Que te pasa vos, no te entiendo nada.

El elemento de seguridad le dice entonces:

Mire jefe, mejor hable usted con el muchacho, porque yo ya me hice bolas.

Elfido se acerca al muchacho y le pregunta:

¿Qué hace usted aquí? A lo que el muchacho responde:

Vengo desde Sololá con mis papás, venimos con el chaman de mi pueblo, a levantar el espíritu de mi hermano que está tirado adentro de la U, ahí entre Farmacia y Agronomía, por favor jefe, no los vaya a interrumpir, si lo hace se pierde todo el trabajo.

Elfido reporta como debe de hacerlo a la central y baja rápidamente a ver qué está pasando.

Al llegar ve a una pareja de señores en frente del lugar mencionado, muchas veladoras y un hombre pequeño vestido con pantalón y camisa de manta, con pañuelo blanco en la cabeza, y un látigo en la mano derecha.

Ritual

Al escuchar la cuatrimoto, la dama que se encontraba en la ceremonia, corre a pedirle favor a Elfido de que apague la moto y no interrumpa.

Ella le dice: señor por favor, mi hijo… por favor apague el motor y las luces de su moto, no quiero que todo este trabajo se pierda y pierda también a mi hijo.

Ella le cuenta con detalles del extraño mal que había molestado a su patojo y agrega que cuando llegaron con Carlos de regreso a Sololá, él ya no hablaba, no comía, parecía un vegetal.

El papá de Carlos fue a hablar con un chaman que vive en las afueras de su aldea y le contó lo que el muchacho había sufrido.

El chaman les dijo que era necesario hacer un ritual y levantar el espíritu del patojo un día viernes y llevarlo nuevamente a su cuerpo antes de que éste despertara durante la mañana de sábado.

Elfido escucha la explicación de la señora mientras ve como el chaman hace el ritual, hablaba en dialecto, danza y de vez en cuando hacía sonar su látigo con fuerza.

Era una escena interesante, el corazón de Elfido se conmovió al ver las lágrimas de la mamá del muchacho, iba a apagar el motor de su moto cuando lo llamaron por radio.

Elfido entonces dejó a los señores y al chaman tranquilos haciendo su trabajo, encaminándose a rectoría a dar parte de lo que pasaba.

Ya estando en rectoría con otros 4 agentes, Elfido comenzó a contarles lo sucedido, cuando de pronto, empezó un viento extraño a azotar las ramas de los árboles y también se empezó a escuchar el sonido del látigo del chaman.

Salieron a la puerta los 5 y efectivamente estaban pasando en fila en frente de la fuente de rectoría, el chaman seguido por los padres del muchacho ambos con velas en las manos.

Pareciera que el chaman estuviera dirigiendo algo con el látigo, se veían dos formas casi transparentes.

Una se notaba por ratos, aparecía y desaparecía, era de color blanco, pero cuando se acercaba una sombra oscura muy pequeña, el chaman daba un golpe fuerte con el látigo y esta se alejaba.

Iban en dirección a la Petapa, Elfido con otros 3 agentes siguieron a estas personas de lejos.

Al pasar a la par de la parada de los busitos solidarios que queda en el camino a la avenida Petapa, el viento se hizo más fuerte, todas las ramas de los árboles parecían quebrarse, vieron como el chaman se puso más enérgico en el ritual, comenzó a golpear con todas sus fuerzas y a decir sus oraciones en voz más alta.

Lo increíble era que las velas de los papas de Carlos no se apagaban.

Al llegar al portón que da salida a la Avenida Petapa el chaman da un último golpe fuertísimo al látigo y se escucha un gemido que erizó a los agentes, incluso al que estaba de turno en la garita.

Se ve como una sombra pequeña se aleja rápidamente del automóvil y entra el chaman tomando de la mano a algo que pareciera la silueta de un muchacho.

Entran los padres y el hermano de Carlos al carro, y se dirigen a Sololá, tienen que estar antes del amanecer para poder llevar el espíritu del muchacho de nuevo a su cuerpo.

Los agentes aún platican de ese caso, hay otros trabajadores de guardianía, de limpieza, incluso de administración que han escuchado algo parecido a este relato.

Incluso algunos dicen que vieron pasar a una pareja y a un hombre con un látigo esa noche, recordemos que hay algunos trabajadores de guardianía y de limpieza que a veces se quedan a dormir en los edificios.

Otros empezaron a inventarse que era parte de un exorcismo para sacar un demonio de la U.

Su servidor platicó con los agentes de seguridad presentes esa noche, bueno, los que aún trabajan en la U y algunos de los trabajadores que dicen haber visto el paso por los pasillos de la U de los personajes que hablamos en esta historia, a los cuales les estoy muy agradecido.

Algunos están de acuerdo en que el chaman iba dirigiendo al espirito del muchacho y que alejaba con el látigo al mal espíritu que quería quedarse con él.

Elfido lamenta mucho no haber tomado el número de teléfono de los padres de Carlos, para poder haberle dado seguimiento al caso.

Tanto Elfido como su servidor están de acuerdo en algo:

Ojalá que en esa mañana de sábado, en el hermoso Departamento de Sololá, un buen muchacho llamado Carlos, haya despertado con una sonrisa y saludando a sus papás.

Investigación, historia y narración: Fernando Andrade Mazariegos todos los derechos reservados Guatemala 2,014

Fotos por: Fernando Andrade Mazariegos todos los derechos reservados Guatemala 2,014

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