El novio de la Siguanaba

Siguanaba

En las primeras décadas del siglo recién pasado, el gobierno comenzó a hacer carreteras en uno de los departamentos del occidente de nuestro hermoso país, lugar en donde la siguanaba aparecía, así que se comenzó a contratar en una de las primeras fases del proyecto a algunos trabajadores que harían de leñadores y a otros para diferentes trabajos, pronto a este proyecto comenzaron a llegar muchos interesados incluso hasta de otros departamentos.

Construcción carreteras

Gabriel, que en aquel entonces tenía 50 años, oriundo del lugar donde se hacía este proyecto, llegó acompañado de su nieto Ángel que tenía 16 años con la intención de que comenzara a ganarse la vida, quien mejor que él para orientar a su nieto en esta labor, los encargados no pusieron peros ni pretextos por la edad del joven, así que fue contratado de inmediato, probablemente la altura y constitución física del muchacho le ayudo a conseguir un puesto entre los leñadores junto a su abuelo, a pesar de tener 16 años éste medía cerca de 1 metro con 85 centímetros y pesaba cerca de 220 libras de puro músculo ya que en aquel entonces desde pequeño hacía las labores de los hombres de campo.

Lógicamente los encargados les dieron el equipo necesario a los que carecían de él, equipo que iba a ser descontado de su primer salario, lo bueno es que Gabriel tenía bastante equipo incluso para armar uno muy bonito para su nieto Ángel así que no les fue descontado nada. El muchacho estaba muy contento ya que ésta era una muy buena oportunidad para impresionar a su abuelo que era conocido como uno de los mejores trabajadores de la región.

Desde el primer día todos se sorprendieron de la fuerza y habilidad con que Gabriel a su edad trabajaba, parecía un muchacho de 20 con la experiencia de un anciano, pero más se impresionaron de la fuerza de Ángel para talar con el hacha, levantar troncos o jalarlos, por lo que el orgulloso abuelo siempre recomendaba a su nieto tener mucho cuidado con las herramientas, al regresar por la tarde a la casita de campo donde vivían Gabriel y Ángel, los recibió Isabel, la madre del muchacho y su hermana Ana. Isabel 10 años atrás había quedado viuda porque su esposo, padre de Ángel había muerto en un accidente, entonces Gabriel se hizo cargo de su hija y su nieto con mucho agrado, debido a eso el muchacho lo quería como a su padre.

“¿Cómo les jue?” preguntaron muy felices las dos mujeres, a lo que Gabriel contestó: “Pos muy bien, no ven que acá el Angelito casi me gana en la tarea”, Ángel sólo sonreía de la felicidad por el cumplido de su abuelo, no le importaba la paga, sólo quería quedar bien ante su viejo, entonces Ana les dijo: “Hay café de tortilla y panitos del pueblo, pasen a comer pue”, los hombres entraron en su casa y cenaron con las damas que no cabían de contentas y querían que les contaran todo lo que habían hecho el primer día de trabajo.

Al finalizar la cena, Isabel le dijo a su padre: “Papa, ya fui al pueblo a ver la casita que me dijo, dice el Juan que el pago que quiere dar por ella está bien”, entonces Gabriel dijo: “Bueno, entonces alístense para pasarnos el fin de semana”, Ángel cambió el semblante alegre que tenía por uno muy triste y de preocupación, él toda su vida había crecido en el campo, apenas si conocía el pueblo, eran contadas con los dedos de una mano las veces que había ido, y entre éstas estaba la vez que fueron a enterrar el cuerpo de su señor padre.

Ángel tenía la tez morena clara de su madre y los ojos azules de su padre, así como su pelo castaño, eso aunado con su tamaño contrastaba con la mayoría de los demás leñadores, algunos le daban el alto, algunos otros tenían los ojos claros, pero ninguno como el color de ojos que éste tenía, a veces se burlaban de él, pero Ángel nunca se molestaba, contestaba con una sonrisa o no hacía caso. En una ocasión en que otro de los leñadores le estaba faltando el respeto, su abuelo le dijo que no se dejara, bastó un manotazo del patojo de 16 años para sentar de un golpe a un hombre de 25, pero, después de unas carcajadas se olvidaron de este evento y todo siguió normalmente en el trabajo.

Al llegar el fin de semana, la familia cargó en un carretón con la mayor parte de sus pertenencias y se marcharon para el pueblo, al ver el semblante triste de Ángel, Gabriel le dijo que no se preocupara, que las tierras siempre serían de ellos, pero que era necesario irse para el pueblo para progresar. Ángel sabía leer y escribir, así como todas las operaciones matemáticas que su madre había aprendido cuando estudiaba y que se las había transmitido con mucho amor, uno de los deseos de Gabriel era que su patojo también siguiera estudiando.

Al llegar al pueblo luego de un viaje de 10 kilómetros fueron recibidos alegremente por algunos conocidos de don Gabriel, pronto algunas señoritas pusieron la mirada en el joven que acababa de llegar, algunas ni sabían de la existencia de éste, así que estaban algunas curiosas y otras comenzando a enamorarse, cuando Ángel iba detrás de su abuelo para conocer donde quedaba la tienda y todo lo demás, era saludado por todas las patojas con mucho interés, pero él ni les ponía coco.

Pero, al pasar por la iglesia, Ángel noto a una señorita que le llamó mucho la atención, era Elena, sobrina del párroco, niña blanca de ojos marrones y cabello castaño que llevaba bien recogido, el muchacho no reconoció en ese momento el sentimiento que esta niña le provocaba. Cuando ella por educación los saludó, Angelito por primera vez en su vida contestaba el saludo de una mujer que no era ni su madre ni su tía, esto causó gusto y gracia en Gabriel que luego de ponerse a las órdenes del sacerdote para componer el techo de la iglesia se despidió diciendo que los sábados siguientes haría las reparaciones sin cobrarle ni un centavo.

Esa noche en la mesa, Ángel tenía cara de baboso, jugaba con la comida, cosa que notó su madre, de pronto Gabriel contó a las damas lo que había pasado esa tarde en forma de chiste, cosa que no agradó a su madre y a su hermana, según ellas Angelito estaba muy pequeño para pensar en mujeres y en compromisos, Ángel no sabía nada de lo que hablaban, luego el muchacho sintiéndose con curiosidad preguntó con la mayor sinceridad del mundo: “Ma ¿para qué sirven las mujeres?, los hombres trabajamos en el campo, ellas en casa, ¿Pero por qué se casa uno?”. Luego de esto el abuelo, la madre y la tía del muchacho recordaron, que nunca le habían hablado al patojo sobre el asunto de los amores ni de cómo se poblaba la tierra.

“Ese tema te toca a vos hablarlo”, le dijo Isabel a su padre, éste le contestó que pronto le daría esa charla de hombres que aun no habían tenido.

Al ver lo bueno que era Ángel para el trabajo, pronto los encargados del proyecto le contrataron para que entrara dos horas antes por la mañana y supervisara el trabajo de los demás. Ángel estaba en el turno de la mañana, muy contento aceptó Gabriel que su nieto hiciera esa labor por unos centavitos extras, mientras el abuelo siguió entrando a las 7 de la mañana, Ángel tenía que llegar a las 5, pero no era problema para él, le encantaba levantarse temprano y trabajar, pero como todo muchacho responsable quería quedar bien con los jefes, así que llegaba a veces incluso una hora antes de lo establecido.

El encuentro con la Siguanaba

En la fría madrugada de un viernes, el muchacho caminaba por un sendero de tierra que lo conducía a donde estaba el lugar en donde se estaba talando, eran las 3:30 de la madrugada, el muchacho no había dormido por pensar en Elena, así que decidió salir antes de casa dejando a todos dormidos aún, aunque había frío a él no le importaba, porque al día siguiente como era sábado podría ver aunque sea unos instantes a la niña que provocaba cosas bonitas en él, aunque sea de lejos pero la vería.

Siguanaba
La Siguanaba

Para llegar al lugar donde se había quedado la obra el día anterior Ángel tenía que pasar por un arroyo, lugar que el muchacho no conocía del todo aún, había una maldad cerca, algo que conocían bien los aldeanos pero de la cual no habían puesto al tanto a Gabriel ni a su familia, una oscura entidad seguía de cerca los movimientos del muchacho, una víctima más para ella, un alma más que ganar, a 20 metros del arroyo ella entre las sombras se le adelantó, entonces, cuando Ángel ágilmente pasaba las rocas grandes para no mojarse, ella hizo un ruido, el muchacho que era muy astuto presintió la cercanía de alguien más, al ver de dónde venía el ruido, notó la silueta hermosa semidesnuda de una mujer.

Ángel al verla, sintió vergüenza por su intromisión, pero el demonio que estaba frente a él deseaba que éste se acercara para ganárselo, este mal como suele hacer, vio en la mente del joven, percibió las facciones de la mujer que le gustaba y puso el rostro de las imágenes que tenía el joven en el pensamiento en el suyo, ésta se aproximó muy sensual entonces, invitándolo con sus movimientos a poseerla, a dos metros, el patojo notó que era Elena, o bien, una mujer casi más bella que ella, estaba confundido, entonces el muchacho dijo: “Perdóneme usted, con el corazón se lo pido, no sabía que usted se bañaba acá, créame que ante Dios, que si a alguien en esta vida no quisiera hacerle ninguna ofensa, es a usted, si quiere me saco los ojos si estos la ofendieron”.

El buen e inocente muchacho notó que la niña se tapó con la poca ropa que tenía, era lógico, se estaba bañando en el río, ella, la siguanaba entonces suavemente le preguntó: “¿Cómo te llamas?”, entonces Ángel recordó que nunca se había presentado con ella las veces que había ayudado a su tío con el techo de la iglesia, el muchacho pensaba realmente que ella era Elena, “Me llamo Ángel de Dios y mi vida es para servirle”, respondió él, el patojo observó como el cabello de la chica, sin saber que era la siguanaba, era negro como la noche y más largo de lo normal, pensó que era efecto de la oscuridad y en ningún momento sintió miedo ni deseos, luego de un corto silencio ella sonrió y le dijo: “No me quieres hacer tuya”, como Ángel realmente no entendía lo que ella le estaba proponiendo le dijo: “Lo que quiero es que venga pronto el alba para cortarle las primeras flores que se abran y ponerla a sus pies”, ella por primera vez en su existencia, no atacó, no golpeó, se quedó ahí parada con una mirada de admiración y tal vez por primera vez, de ternura…

Luego él aprovechando el momento, de un salto llegó al otro lado del arroyo, tomó su hacha y antes que el espanto pudiera moverse, ya había lanzado su pesada herramienta y con ella cortado una planta parasita de esas que dan una bella flor a la que le decimos gallitos, luego así como lo dijo el muchacho, lo puso a sus pies, ella por primera vez alargó una de sus manos frías y tocó los cabellos del muchacho, éste al sentir la helada y pálida mano no se asustó, porque el agua del arroyo era demasiado fría y de plano por eso era, él le tomó la mano y le dijo: “Mire, yo no soy digno ni de voltearla a ver, yo no soy nadie, el platicar con usted aquí hoy, ha sido el regalo más lindo que la vida me ha dado, luego de esto, puedo morir en paz”.

La bestia quería atacar, herir profundamente con sus garras las carnes del muchacho como lo ha hecho con miles de hombres, pero algo extraño la detuvo, algo que hacía tiempo no sentía rodó por su mejilla, era una lágrima, que él notó, al verla éste le preguntó: “¿Dije algo malo?”, ella meneó el rostro diciendo que no, se empezaron a escuchar pasos y bulla a lo lejos, entonces ella le dijo que se tenía que ir, para él era lo normal, no la iban a ver bañándose, cuando el vio a los hombres que venían les iba a hablar para que se detuvieran, pero de pronto ella había ganado una gran distancia, iba río arriba, llevaba el gallito entre sus manos, luego desapareció de su vista.

Los hombres al verlo se alegraron, lo saludaron y fueron al trabajo, al llegar Gabriel a la tarea, notó la sonrisa en su nieto, el muchacho andaba tan feliz que hizo la tarea de 7 hombres, incluso los encargados de llevar los troncos a un camino aledaño le suplicaban que no trabajara tanto porque no podían seguir su ritmo.

Ángel no dijo nada esa noche, se acostó rápido, quería que amaneciera pronto para ver a su Elena, que según él estaría feliz de verlo al día siguiente en la iglesia mientras trabajaba con su abuelo en los últimos retoques del techo, mientras tanto en la montaña, entre la penumbra, en el arroyo, la maldad no estaba segura de qué era lo que había pasado, pero ya lo había visto pasar por ahí, sería cuestión de un par de días para volverlo a ver, y esta vez ganarse su alma.

Al día siguiente para sorpresa del joven, Elena, es decir, la verdadera Elena como siempre, ni lo volteaba a ver, estaba muy atareada dando de comer a las gallinas y otras aves de corral, luego limpiaba el patio, Ángel se distraía del trabajo esperando verla salir y entrar de la casa parroquial, pero fue en vano esto, a Gabriel le daba ternura su nieto, pero recordó que tenía una charla pendiente de hombres con su nieto, así que dispuso aprovechar el momento y comenzó: “Ejem ejem”, aclaró la garganta y dijo: “Mijo, ¿te recordás que las cabras allá en la casa de la montaña donde vivíamos, a veces se le subía el macho a la hembra?”, el patojo contestó: “Si Tata, mi mama me decía que estaban jugando”, luego el abuelo continuó: “Si mijo, pero eso no es cierto”, entonces el muchacho comentó: “Por qué me iba a mentir mi mama, el cabro no le hacía daño, y como mi ma me decía que no es bueno ver cuando están jugando ni coco les ponía”.

Como Gabriel no sabía cómo entrar suavemente en la plática estaba a punto de dar una charla de educación sexual con no muy buenas y pocas palabras, cuando de repente salió la niña de la casa parroquial, Ángel se distrajo y casi cae al piso, esto provocó que la niña volteara a verlos, la niña al ver al muchacho colgando de una mano le dijo riendo: “Parecés mono”, con ésto rieron los dos, salió el Padre Pedrito a ver qué estaba pasando, y al notar que el muchacho estaba colgando se santiguó y dijo: “Ave María Purísima, no te vayas a caer hijo, a de ser por el sol que está haciendo, Elena, sírveles un poco de refresco y que sigan si pueden cuando baje el sol”.

Esa tarde no siguieron trabajando, Gabriel se hizo el mareado dando oportunidad a que los muchachos platicaran un poco, a Elena le gustaba Ángel, pero como éste era mero bruto y nunca le hablaba no había tenido oportunidad de conocerle, lógicamente el muchacho no iba a decir nada frente a su abuelo y al sacerdote de que había visto a la niña bañándose, entonces era lógico que ella no le comentara nada de eso, al día siguiente después de misa Elena platicó con él 5 minutos, lo que al patojo le pareció una maravilla, realmente el muchacho era inocente, tanto que tuvieron que decirle esa noche qué era lo que pasaba en su corazón.

Gabriel: “Mirá pues mijo, lo que vos tenés es enamoramiento, cosa normal, no te asustés, vos sos como el cabrito ese que se le subía a la cabrita jajajajaja”, el abuelo de la felicidad había comprado una botella de licor fermentado de frutas, y de cuando en cuando se echaba un traguito directo de la boca de la botella, “¡Papa! No friegue, no diga esas cosas que es pecado” dijo Isabel, “Qué pecado ni qué pecado, a menos que sea el original, el de nuestros padres, el Jadan y la Evan, los que nos jodieron pero de todos modos de que otra manera se iba a poblar esto”, decía Gabriel, “¡Ay papa no!” dijo entonces Ana y continuó: “El pobre patojo se va a confundir más”, entonces Gabriel alzando la voz dijo: “El pobre ha estado engañado y por eso anda confundido, pero ahurita mismo lo voy a desconfundir y reprogramar, para que mi cabrito me de con la cabrita otros cabritos y seya yo más feliz”, mientras las hijas de Gabriel lo ponían en cintura éste más fregaba, entonces el pobre Ángel se fue a dormir mejor, aún más confundido que antes.

En la madrugada del siguiente día que era lunes, Ángel caminaba en el sendero, llevaba en la mente el conteo de la herramienta que tenía que haber en una cabaña improvisada cerca del trabajo, extrañamente no cuadraba el inventario, así que sus jefes le habían pedido que pusiera atención a eso, entonces el patojo iba rápido y preocupado, pasó rápido el arroyo, pero al llegar casi al claro provocado por los primeros árboles talados, una sombra oscura se le atravesó dos veces, él entonces pensando que era algún ladrón, tomó con fuerza su hacha, pero al salir la luna entre las nubes notó que era ella la que estaba ahí, él sonrió, ella también, de nuevo la chica andaba semidesnuda, recostada en un tronco, ella lo invitó a sentarse a la par, él al sentarse le preguntó qué hacía ahí, ella le dijo que lo estaba esperando para terminar un asunto que no había podido saldar la madrugada que se vieron en el arroyo.

El mal iba dispuesto a matarle, y si no, por lo menos a hacerle daño, a dejarlo mal de la cabeza, a llevarse su alma, pero no pudo, en cambio ella alargó la plática, pero como suele suceder, recordó que para eso estaba ella, para hacer el mal, debe muchas almas y la de éste era tan pura y blanca que de seguro quedaría bien con el mismo cachudo, ella quería separarlo de su hacha, ya que había notado que él nunca la soltaba, entonces le dijo “Quiero que soltés el hacha para yo darte a tocar otra cosa”, como siempre Ángel no tenía malos pensamientos, entonces él le dijo: “Antes que nada quiero que pruebes este dulce de leche, te lo iba a llevar por la tarde, pero ya que estás aquí te lo doy, mi mamá siempre me deja un último pedazo para que me lo coma yo solito después de la cena, es más rico que el de las tiendas, incluso a veces hasta le piden que lo haga y se lo compran, pero yo quiero regalártelo a ti, porque es lo más rico que he probado en mi vida, lo hace la persona que más amo, y quiero que te lo comás todito tu”,

Ella se quedó de nuevo sintiendo algo extraño, tomó con sus inertes manos el pedazo de dulce y lo probó por poquitos, hacía caras, pero le gustaba, él se puso feliz, soltó el hacha y se encaminó hacia la bodega, la abrió, revisó y todo estaba en su lugar, al salir ella lo estaba esperando, pero no para matarlo, ella tenía curiosidad por él, “Te tengo algo más”, dijo el muchacho, “¿Qué es?” preguntó ella, él se apresuró y buscó dentro de un cobertizo, una perrita en el pueblo había muerto dejando un cachorrito, él lo había tomado, pero como en su casa no lo hubiesen querido, pensó en regalárselo a ella el siguiente fin de semana, los muchachos del turno del recién pasado fin de semana se comprometieron a cuidárselo, pero como “ella” estaba ahí, se lo iba a mostrar de una vez, los animales presienten, desde que lo sacó de su cajita el cachorrito iba llorando, el mal no sabía qué hacer, él se lo dio en las manos, al principio el cachorro gritaba y aullaba, él le dijo que era por el frío, poco a poco el cachorro dejo de llorar, ella lo acariciaba con sus manos delgadas y grises, él por la oscuridad no se daba cuenta de muchas cosas, de pronto el perrito dejó de respirar, había muerto en los brazos de ella, él pensó que había sido porque estaba muy tiernito y le dijo a ella que no se sintiera mal, ella para nada estaba mal, muerte es lo que provoca y quiere, se despidieron y ella le dijo que se lo llevaría para tenerlo de recuerdo, él le dijo que mejor lo enterrara porque iba a apestar.

Y así pasaron las madrugadas, mañanas y a veces tardes, ella se le aparecía en los caminos, él hablaba con ella, pensaba que era verdaderamente Elena, mientras que la verdadera Elena al verlo no entendía de que le hablaba Ángel, a veces, incluso llegó a pensar que estaba mal de la cabeza, pero la niña, la verdadera Elena se iba enamorando del patojo y por eso no se enojaba con él cuando éste le decía: “Fue bonito verte temprano, te gustó la flor aquella, la piedrita de colores que te regale”, en fin, como de todos modos ya terminado el trabajo en el techo de la iglesia, sólo lo veía los domingos después de misa, Elena no se molestaba por eso.

La espanto que siempre esperaba en las sombras a Ángel posiblemente estaba tan confundida que aplazaba el mal que quería hacerle al buen muchacho, una madrugada en que de nuevo le salió al camino, lo hizo llegar hasta un gran cerro, luego se puso a la orilla de un corte de tierra echo por un deslave que había formado un abismo, y le dijo que lo quería abrazar, Ángel feliz de sentir aquel contacto la abrazó con el mayor amor del mundo, mientras a ella le crecían las manos, los dedos, y las patas se le ponían torcidas, tomando su verdadera y horrible forma, sus ojos se le saltaban de las cuencas y su mandíbula se le destrababa y el cráneo se la alargaba, hasta ser como el de un caballo, el muchacho con sus ojitos cerrados disfrutaba del abrazo de un cuerpo al que no le latía un corazón.

Entonces justo antes de llevárselo al abismo, él pronunció estas palabras: “Amor de mi vida, ¿Quieres ser mi novia?”, palabras que le enseñó a decir su abuelo, al despegarse Ángel del ser maligno, éste de nuevo estaba en su forma de mujer, haciéndose pasar por Elena, ella llorando le dijo que si, pero que se fuera, quería estar sola, él no la dejó, la encaminó por un sendero hasta el arroyo, él tomaba su mano fría que por primera vez comenzó a tener una temperatura casi normal, entonces ella le preguntó: “¿No tienes miedo de que te pase algo malo por estos senderos?”, entonces él le contestó: “No, no creo que alguien sea más fuerte y rápido que yo, a excepción de mi Tata, ese todavía me cinchasear, soy más rápido con mi hacha que alguien con su escopeta, así que los ladrones no me asustan”, entonces el oscuro ser le dice: “Y si algo malo te sale al camino como un espanto o demonio”, el joven riéndose le contestó: “Nunca he visto nada de eso en mi vida, además cuando yo nací mi papá que en paz descanse, me bautizo como Ángel porque ya meritito me moría junto con mi mamá al nacer, por ser tan grandote, después que nací me llevó al altar de Jesusito del buen pensamiento para dar gracias por mi vida”, cuando la entidad escuchaba esto todo le crispaba y se alejaba del joven, luego Ángel continuó: “Mi alma es de Dios, de la Virgencia Del Carmen y de Jesús del Buen Pensamiento que me cuidan”.

Después de escuchar esto, la supuesta Elena se despidió y dijo: “Ahora no sólo ellos te cuidarán, yo también porque sos mi novio y serás mi hombre”.

Durante dos años, tiempo en que llevaban Gabriel y su familia viviendo en el pueblo, los casos de hombres asustados, afectados y muertos por La Siguanaba cesaron en esa región y sus alrededores, por lo que la familia de Ángel nunca supo nada. Como de todo hay en la viña del señor, se empezaron a escuchar casos de asaltos a los leñadores en los caminos en otros departamentos, como era común, en este tipo de trabajo, casi en todos los meses ingresaban nuevos trabajadores a laborar en el proyecto, Gabriel y Ángel llegaron a ser los jefes después del ingeniero que dirigía todo, eran muy queridos y respetados; un día de tantos, 5 hombres recién llegados, fueron a pedir trabajo con Gabriel, estos venían de asaltar y robar a sus compañeros en otros lados donde estaban talando por hacer carreteras, incluso habían matado a tres hombres ya, y decidieron dar el golpe maestro asaltando y matando a Ángel uno de los días en que éste tenía que pagar la planilla.

Llegado el día de pago los asesinos pasaron la noche en el monte velándolo; cerca de las 3 de la mañana el muchacho pasó por el arroyo, como era su costumbre al pagar planilla se levantaba más temprano para tener todo listo y que los hombres no esperaran por su paga bien merecida, como el proyecto avanzaba, cada vez quedaba más retirado el lugar donde estaba la tala, al verlo se prepararon los 5 asesinos, sabían que era fuerte y ágil, tenían que agarrarlo por sorpresa y quitarle la vida lo más pronto posible, los hombres temblaban porque sabían que se jugaban la vida, el muchacho llevaba en una mano una gran caja donde llevaba el dinero y como siempre en la mano derecha su hacha, en el cincho el machete y por recomendación del ingeniero en la cintura un revolver.

Uso de machete contra la Siguanaba

A 100 metros venía cuando se detuvo al ver en el suelo la flor de un gallito tirado, igual al que le había regalado por primera vez a su supuesta novia, al quererlo recoger ésta se convirtió en zacate, esto lo tuvo pensativo por un par de minutos, mientras tanto una figura hermosa avanzaba hacia los asesinos por el lado contrario al que venía el buen muchacho, pronto los hombres escucharon y vieron pasar a una hermosa hembra, que al verlos les sonrió y con su encanto los cautivó, ella los llamaba, así que dispusieron primero divertirse con la mujer y luego cometer el otro crimen, entre senderos a la luz de la luna iban los 5 machos sedientos de placer, tratando de alcanzar a la coqueta que los hacía incluso pelearse entre ellos por ver quién iba a ser el primero.

La luna fue cubierta por nubes oscuras, ella estaba ahí para complacerlos, se acercaron queriendo tomarla a la fuerza aún cuando ella se mostraba dócil para ellos, unos minutos después, Ángel llegaba sano y salvo a la casa improvisada que habían construido como oficina del proyecto, momentos después, mientras se lavaba la boca con el agua de una cubeta, apareció su novia para saludarlo como hacía cada 2 o 3 días, feliz le sonreía, él la abrazaba y le decía que la amaba, pero que se fuera rápido porque ya vendrían los leñadores por su paga y no quería que la vieran ahí para que su tío el padrecito no la regañara, supuestamente ella le había dicho que salía a escondidas a verlo, cuando ella iba como a 20 metros él le dijo que se cambiara porque llevaba como lodo en el vestido blanco, ella le dijo que lo haría, al pasar por el último claro antes de internarse en el bosque, la luna salió de nuevo, dejando ver las manchas de sangre abundante en el vestido de “La Siguanaba”.

Al regresar a su casa en el pueblo Ángel y su abuelo notaron mucho alboroto, un grupo de leñadores había encontrado algo macabro en la montaña, tendidos a mitad del pueblo habían 4 cadáveres y un moribundo, éste último gritaba mientras se sujetaba las vísceras con la mano: “La Sigua, La Siguanaba, llamen al padre, quiero que me dé confesión antes de morir”, al llegar el Padre Pedrito, el moribundo comenzó a decir sus pecados frente a la comunidad, confesó los asesinatos y el plan que tenían de matar a Ángel, luego relató lo que había pasado: “Nosotros vimos una bella mujer que apareció de la nada, la íbamos a violar para después matarla, pero ella cambió, era enorme, con sus dientes, y garras tanto de manos como de patas nos abrió a todos, nadie le pudo agarrar el pelo, es muy rápida, los huesos de mi compañero Luis tronaron mientras salían de su espalda, yo me hice el muerto mientras veía como desgarraba los órganos de mis compañeros, luego al verme con las tripas de fuera me dejó, ella es igual, es igualita a…” entonces el sacerdote se acercó para escucharlo pero supuestamente no alcanzó a oír lo que dijo con su último suspiro.

Luego de esto, varios trabajadores huyeron del proyecto sin llevarse nada, fue difícil en un principio pero poco a poco pudieron contratar más hombres para lo que quedaba de la obra.

Un mes después de esto, cuando Ángel tenía ya más de 18 años, un grupo de 20 leñadores le hicieron encuentro a Gabriel en el camino muy temprano, y uno de ellos que era de mucha confianza para él le dijo: “Vos Gabriel, sabés que te respeto mucho viejo, pero deberías de ver que le pasa a tu patojo, en las madrugadas lo hemos visto hablando sólo, puro loco, hubo una ocasión en que yo pasé cerca del arroyo y ahí estaba Ángel, había olor a muerto pero a él no le molestaba, hablaba sólo como siempre, entonces yo le saludé, luego en el camino me alcanzó muy molesto y me dijo que por qué no había saludado también a su acompañante, y como es muy grandote me dio miedo y no le dije nada, pero mejor miralo, porque alguno se puede molestar y hacerle algo”, Gabriel un poco molesto le contestó: “Mirá vos Tuno, si alguien toca a mi nieto, yo lo mato, aunque no creo que puedan hacerlo”, luego, una mujer que iba con ellos, esposa de otro leñador llamada Miriam le dijo: “No don Gabrielito, no se ponga así, mire que por mi abuela yo tengo algo y veo muerte por todos lados desde que esa, “La Siguanaba” anda por aquí otra vez, sólo pregúntele a su patojo qué pasa, yo sé que ese muchacho es su vida, su todo, que en las noches lo va a ver a su cuarto como que fuera chiquito, que lo encomienda a la Virgen Del Carmen y a Jesús del buen pensamiento”. Al escuchar esto Gabriel se quedó frío, era imposible que la señora supiera eso sin tener algún tipo de don, en ese momento se dirigió a donde estaba su nieto en la tarea, lo encontró y le dijo que le urgía platicar con él en su casa, luego de dar instrucciones ambos fueron regresaron, en su hogar los esperaban la esposa del leñador que le había dicho lo que hacía en las noches con su nieto y otras personas más.

Al llegar a la casa, también los estaban esperando el Padre Pedrito y Elena, entonces cuando todos estaban ya sentados el sacerdote le preguntó al muchacho: “Mijo, ¿con quién te ves en la montaña?”, el muchacho al ver a Elena preocupada soltó todo y dijo: “Lo lamento padre, sé que obré mal, he estado viéndome con su sobrina, incluso somos novios, yo se lo pedí y ella aceptó, yo haré lo que sea necesario para reparar lo que hice mal”, en ese momento Elena comenzó a llorar y dijo: “Pero yo sólo te veo después de misa los domingos y un ratito, yo te amo pero nunca me has pedido nada, yo de burra esperando y tu saber ni de quién sos novio ni con quién andas”.

Al escuchar esto intervino Miriam la esposa del leñador y dijo: “No es culpa del patojo, es ese mal que puso sus ojos en él, yo sé que él es bueno y fuera de lo común”, Elena estaba a punto de irse cuando su tío la detuvo y dijo: “Hace un mes cuando yo di el sacramento de la confesión al moribundo asesino en el pueblo, este me dijo algo en el oído que me dejó pensativo, no dije nada, me hice el loco para no hacer las cosas más grandes, él me dijo que La Siguanaba tenía tu forma mija, era muy parecida a ti Elena”.

Entonces todos quedaron callados al escuchar al sacerdote, entonces Gabriel tomó su hacha y dijo que acabaría con ese mal, Miriam entonces intervino y dijo: “Hay otra forma de acabar con este mal, porque matarla no pueden, regresará más adelante y puede hacerle daño a la niña, puede confundir a Angelito y meterse con él, ni Dios lo quiera, saber que saldría de una unión así”, entonces la madre del muchacho que estaba muy preocupada dijo: “No creo que sea posible ahora, porque éste no sabe cómo es que viene uno al mundo ni cómo se hacen los bebes”, todos quedaron callados viendo a Ángel que estaba como siempre con más dudas que otra cosa.

Entonces Miriam dijo: “Es tal vez por eso que se salvó, como él es muy bueno y no sabía qué hacer no sucumbió a la tentación que le puso esa mujer, ese demonio”, “Entonces qué hay que hacer para alejar ese mal?” preguntó Gabriel, y la dama contestó: “Hemos estado platicando con el Padre Pedrito, después de bendecir al muchacho, tiene que cargar una medallita de la Virgen Del Carmen y orar siempre a nuestro señor Jesús en todo momento, y cuando ese mal se le acerque porque lo hará, él simplemente lo tiene que ignorar, no tiene que hablar con ella, aunque se le aparezca en forma de Elena, o en su forma horrible, debe pasar ignorándola, de todos modos ella no le hará mal porque lo quiere, no sé si realmente lo ame, pero lo quiere y por eso no lo ha dañado, eso hará que se aleje o por lo menos que él tenga una vida normal”, “¿Pero por qué a mijo que es tan bueno?” decía Isabel, Miriam le contestó: “Pues por eso mismo, son contados los que nacen con las virtudes que este patojo tiene, y si a eso le sumás que no es mal pensado ni mal intencionado, esto lo hace más atractivo e interesante para ella, pero no creas que es el único, en mi pueblo hubo uno parecido a Angelito, pero a éste por no ayudarlo se lo llevó a una cueva y cuando él no quiso ser hombre de ella lo volvió loco, luego el muchacho pasó con fiebres y convulsiones por dos semanas, como no hubo quién lo ayudara murió en agonía”.

Luego de platicar, el sacerdote dio los Santos Oleos al muchacho, bendijo a su familia y a su propia sobrina, también a Miriam, todo fue bendecido en ese hogar, hasta el gallinero y el cerco de la casa, incluso las herramientas, mientras el sacerdote hacía el ritual sagrado, Ángel con el dedo índice y el pulgar tomó un poco de los aceites bendecidos y los pasó por el filo de su hacha. Luego pidió disculpas a Elena, ella aceptó, y también aceptó ser su novia, al día siguiente, el abuelo acompañaba en la madrugada a su nieto para que no estuviera sólo, aún así ella se les apareció, pero ellos la ignoraban, La Siguanaba se le presentaba cuando él estaba sólo, incluso en forma macabra pero el muchacho la ignoraba, ella desesperada quería matarlo pero no podía, avanzaba hacia él con coraje entre las sombras, pero justo antes de acertarle un golpe con las garras ésta desaparecía, el muchacho realmente no temía por su vida.

Poco tiempo después Gabriel brincaba de la alegría al saber que su nieto se casaría con Elena, un día antes de la boda, Gabriel junto con Tuno, otro leñador amigo de él, explicaron al muchacho lo que tenía que hacer en su noche de bodas y en su vida marital, tal vez no con tan bonitas expresiones pero el muchacho al final quedo listo para lo que vendría, comprendía el por qué de sus sentimientos e instintos y sabía qué hacer y supuestamente como desempeñarse.

Esa noche antes de la boda, Ángel caminó hacia la iglesia para darle las gracias a Jesús del Buen pensamiento, al regresar, por el camino hacia su casa, el pueblo estaba más que oscuro, era extraño, él presentía que ella había vuelto, al doblar la esquina ella estaba recostada en un balcón de una pared, acariciaba un bulto tieso, era el cachorrito que una vez él le regaló, ella estaba más hermosa que nunca, no con la figura de Elena, era la forma de cuando ella era mujer y no estaba maldita, bella de pies a cabeza, alta, de ojos negros, el cabello negro como la noche y liso le llegaba casi a la cintura, su cuerpo era monumental, y su rostro, de facciones casi angelicales, pero él no le hizo caso, siguió de largo, ella comenzó a reclamarle, por qué no le hablaba, por qué le ignoraba, después que ella le libró de mil males, e incluso hasta de la muerte, Ángel seguía sin responderle, fue entonces que ella le dijo: “Muy bien, si no eres mío, tampoco serás de ella, no puedo matarte porque te quiero pero a ella sí”, en ese momento el muchacho con la habilidad que le caracterizaba, le sujetó el cabello, eso a ella no le gustó, tomó con fuerza el mango del hacha que nunca dejaba, la misma que estaba bendecida por agua y con aceite bendito en el filo.

Mientras ella gritaba por el dolor de sentirse sujeta del cabello él le dijo: “Sé que puedo partirte el cráneo y molerlo con este filo, también sé que así puedo acabar con tu existencia o por lo menos un buen tiempo me desharía de ti, yo nada te pedí, pero gracias por todo, hubiera preferido saber qué eras esa primera noche aunque nos matáramos, pero ahora como antes no te deseo ningún mal”, no tiró de su cabello para no lastimarla, luego de esto la soltó, ella se quedó ahí parada frente a él, luego caminó hacia fuera del pueblo tambaleándose con toda su hermosura de mujer, para luego ir cambiando en el demonio que es, para seguir haciendo el mal que le encanta hacer.

Ángel y Elena se casaron, tuvieron 10 hijos y cerca de 50 nietos, las tierras que tenían las repartieron entre sus hijos. La Siguanaba regresaba de vez en cuando para ver cómo estaba Ángel, sin embargo, él nunca le volvió a hablar, Gabriel vivió hasta los 95 años, jugó y enseñó a andar en el monte a sus bisnietos y a uno que otro tataranieto, el día que él murió, dicen que después de mucha sequía llovió, muchos lo atribuyeron a que fue la naturaleza que lloró la muerte de aquel hombre, que sabía trabajar la tierra sin explotarla, al que no le gustaba que mataran animales del monte por gusto ni deporte, por lo único que se había metido a trabajar cortando árboles, era porque sabía que la carretera era importante para su pueblo, lo que muy pocos saben es que por cada árbol que botaba él y su nieto, él sembraba 10.

En las tierras de Ángel, sus descendientes siempre tuvieron la oportunidad de ver a la espanto, pero nunca le ponían atención ni ésta les hacía daño. Elena murió a los 80 años de muerte natural, eso devastó a Ángel, que después de la muerte de Elena regresó a vivir a la casa de campo donde creció, él era cuidado por 3 de sus hijos, Elenita, Gabriel y Miguel, como ya de viejo se puso necio no les quedó de otra que construir tres casas cerca de la casita de campo de su padre, para ver que estuviera bien, 12 años después de la muerte de Elena, Ángel comenzó a enfermar mucho, al punto que sólo pasaba postrado en la cama, no le gustaba que sus hijos le velaran el sueño, entonces después de dejarlo arropado se iban, pero éste le decía a Elenita antes que se saliera de su casita: “Mija, deja la ventana y la puerta abiertas, afuera esta ella, le gusta verme, a lo mejor hoy quiera entrar, cuando su hija escuchaba esto se santiguaba y le decía a su padre: “No diga eso papa, mejor duérmase”.

Al día siguiente encontraban la puerta y la ventana abiertas, Ángel cada vez estaba más enfermo y delgado, antes de que muriera hubo una noche en que la lluvia era tan fuerte que sus hijos Gabriel y Miguel estaban arreglando el techo de la casita de su padre, cuando bajaron la puerta de su cuarto estaba abierta de nuevo, su padre ya no estaba postrado en la cama, había desaparecido, salieron entonces a reunir a un par de hijos mayores que tenía cada uno para que los ayudaran a buscarlo, reunidos los dos hijos varones que cuidaban a Ángel y 4 de sus nietos enfrente de la casita de campo, vieron a lo lejos en una parte de la falda de la montaña que algo llevaba en brazos a lo que parecía ser el cuerpo de Ángel.

Estos rápidamente le dieron alcance, los genes de Gabriel estaban en ellos presentes también, perseguían con machetes y armas de fuego a la hábil silueta que llevaba en brazos al maltrecho cuerpo del que un día fue el hombre más fuerte del pueblo, entonces cerca de la entrada de una cueva a la que sólo se podía acceder subiendo por un gran árbol que curiosamente había crecido justo en el paredón de tierra y rocas donde se encontraba ésta, Miguel disparó a la cabeza de lo que llevaba cargado a su padre entre ramas, ésta lo soltó y huyó, les costó mucho bajar el cuerpo aún con vida de Ángel, luego lo llevaron a su casa, dos días después murió, fue velado en su casita del campo como él quería, la madrugada antes del entierro, se escucharon los gritos de La Siguanaba, que a la distancia lloraba por la muerte del que un día fue su novio.

Antes del amanecer, todos por encanto se quedaron dormidos, al despertar el cuerpo de Ángel ya no estaba, todos sabían lo que había pasado, La Siguanaba se había robado su cuerpo, entonces todos se encaminaron a buscar en la cueva donde supuestamente se refugiaba el mal ese, al llegar La Siguanaba no estaba ahí, pero si el cuerpo de Ángel, el cual estaba petrificado, como momificado, pareciera que todos los fluidos de su cuerpo hubieran sido succionados. Después de esto le dieron cristiana sepultura y todo volvió a la normalidad.

Los descendientes de esta familia aún viven en el lugar, algunos ni siquiera saben de esta historia, otros si, incluso algunos descendientes de los leñadores, recuerdan las historias de sus abuelos, y con mucho respeto recuerdan a: “EL NOVIO DE LA SIGUANABA”.

Su servidor en lo personal tiene diferentes ideas de porque La Siguanaba buscaba tanto a Ángel, pero esto me lo reservo, sin embargo, quería comentar que uno de los nietos de Ángel llamado Arnoldo tiene una idea de porque La Siguanaba acechaba tanto a su abuelo, el piensa que tal vez fue que ella vio en su abuelo una especie de salvación para su alma maldita, por las virtudes que este tenía, algo así como el cuento de la bella y la bestia, que si alguien podía ver el alma y no el físico así podía salvarse de la maldición.

Investigación, historia y narración: Fernando Andrade Mazariegos (Todos los derechos reservados Guatemala diciembre 2015)

Agradecimiento especial a: Marivel Moral por compartir sus conocimientos conmigo sobre este tema, en este caso.

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