El Tronchador

El Tronchador

Las velas daban escasa luz dentro de la cueva, mientras la principal en el rito hacía sus oraciones extrañas entre genuflexiones y movimientos sexuales, un ser humano se apareaba con un gran animal, aberración que la principal dirigía una vez más, los pocos ahí presentes repetían en voz baja y al unísono un extraño rezo, pronto el señor del pisto que había solicitado este caro “trabajito” toma un cuchillo y hace correr la sangre de un inocente, para que todo cuaje, es el otro pago que tuvo que hacer, para que lo oculto rompa las reglas de la naturaleza y también con las de Dios, esto es “El tronchador”.

La cría se desarrolló en la hembra casi normalmente y cerca de 9 meses parían a una bestia, mitad animal mitad hombre, “el tronchador”, el parto duró cerca de una hora, el señor del pisto llegó entonces y vio el engendro que se movía serpenteando en las manos de la principal, ésta al verlo entre serio y asustado le dice: “Ya patrón, se le hizo, casi se asfixia pero acá está”, el señor del pisto dijo entonces: “Se ve escueto, a ver si no se muere”, la principal: “Éste no se muere, no es un negrito de cabra, ni de perro, mi pena era que rompiera la panza de la nana antes de formarse pero acá está”, el señor del pisto le dijo entonces a la principal: “Bueno, vos te encargas de éste de ahora en adelante, acá no te faltará ni pisto ni nada, vos sabes como llevar las cosas”, “Si patrón”, dijo la principal, “Pero se acuerda que tiene que venir todos los días para que éste lo huela, lo conozca y lo quiera como amo y padre”, añadió la conocedora y hacedora de males.

El tronchador

Luego el señor del pisto comentó: “¿Y qué harás con el cuerpo de la nana?”, a lo que la principal respondió: “Pos la sangre de ésta se la voy a dar con leche al tronchadito, para que vaya tomando gusto”.

Luego de esto pactaron algunos arreglos y platicaron detalles para después seguir con los planes hechos.

25 años después, Chito de 18 años y Joel de 20 trabajaban fuertemente el suelo preparando la tierra para el cultivo, sacaban piedras y hacían suave la tierra, sus 8 hermanos se dedicaban a las tareas de la casa y a alimentar a los animalitos que tenían, curiosamente de los 10 hermanos sólo había una mujer, a la que cuidaban mucho, su papá don Lencho andaba por el cerro buscando un cabro negro que se le había salido del corral, como era recién comprado y muy arisco rápido encontró la forma de salirse del humilde cerco donde estaba.

Al encontrarlo lo amarró con un lazo y lo llevaba de vuelta a la casa, Lencho se tomó un momento para darse un pequeño y merecido descanso a media mañana mientras regresaba, y darse gusto viendo sus tierritas, en las que contrastaban las partes cubiertas por pasto verde y las que parecían petatito por sus cultivos, luego de guardar al cabro se dirigió a ver los cercos que dividían su propiedad, pronto notó un par de postes tirados y dispuso arreglarlos de inmediato, en medio de la tarea estaba cuando del otro lado del alambrado apareció don Aníbal, buen vecino y amigo con el cual se conocían desde patojos, al verse se saludaron como siempre, como dos hermanos, Aníbal pronto se puso a ayudarle a Lencho para terminar más rápido, Aníbal quería mucho a Lencho, tanto que muchas veces le había prestado dinero para que Lencho saliera adelante.

“Vos Aníbal” dijo Lencho, “A fin de año te gua dar los Q 38,000.00 que me prestaste en febrero”, “No te preocupes por eso vos”, dijo Aníbal, “Ese dinerito será mi regalo para que se case bien tu hija la Laura”, al escuchar esto a Lencho se le salieron las lágrimas y dijo: “Puta vos Aníbal, por eso Dios te ha hecho tan próspero, sos bien gente y amigo, no como ese cerote del Venancio que es el más rico de esta región y sólo viendo como lo jode a uno anda”, luego de esta casual reunión, ambos caballeros tomaron los caminos que los llevaban a sus casas.

Venancio era un hombre de mucha plata, que había heredado de su señor padre, tenía de todo y nada le faltaba, es más le sobraba pero nada compartía, pero a pesar de eso le tenía mucha envidia a Aníbal, porque él siempre ayudaba a sus vecinos y esto lo hacía muy querido por todos los alrededores, muchos decían que por ser tan buena gente es que cada año Aníbal era más próspero.

Curiosamente las tierras de Venancio y Aníbal colindaban en un barranco, junto con el pequeño terreno de Lencho, en ese lugar se creía que había encanto o bien, vivía algún puma o animal grande, ya que durante mucho tiempo la gente que pasaba por ahí divisaba a veces en el suelo pisadas grandes y extrañas, pero no había desaparecido ningún animal, el cerco que dividía el gran terreno de Aníbal y de Lencho llegaba hasta la carretera principal del municipio donde vivían, pero no era común ver a alguien que pasara por ahí para llegar a dicha carretera.

Huellas de tronchador

Un día Joel y su padre notaron huellas de pisadas extrañas en el perímetro de su propiedad, temiendo por la seguridad de su familia y de sus animalitos decidieron pasar la noche en el campo para velar al extraño animal, que más de una vez había dejado rastro en el mismo lugar para matarlo, Chito se quedó a cuidar a su madre y hermanos en la casa.

La noche del Tronchador

La noche era fresca y limpia, la luna iluminaba todo, tanto padre como hijo estaban agazapados y atentos bajo algunos arbustos, estaban muy cómodos, pero no hablaban entre ellos, se dedicaban a ver el espacio que a cada uno le correspondía, cerca de las 10 de la noche cuando todo estaba en silencio, comenzaron a escuchar ruidos de pisadas, parecía como si un grupo de animales o personas anduvieran a considerable distancia y se aproximaban a ellos.

La claridad pronto les permitió ver a un grupo de 10 hombres que venían rodeando el cerco, del lado de ellos, con dirección al barranco donde colindaban las tres propiedades, tanto padre como hijo tomaron con firmeza sus rifles, pero no hicieron bulla, pronto se dieron cuenta de que los 10 hombres eran ladrones de ganado, venían repasando el plan que tenían para robar algunas reses, era claro que no iban a robar a Lencho, él no tenía reses, sólo unas cuantas cabras y ovejas, todo apuntaba a que iban a robarle a su mejor amigo o a Venancio, entonces sólo les quedaban dos cosas, cruzar el cerco por la noche para avisarle a Aníbal o hacerles frente. Pronto notaron que estos 10 sujetos iban fuertemente armados, entonces esperaron a que pasaran, estos poco a poco se fueron perdiendo de su vista cuando iban descendiendo el pequeño barranco.

¿Papa que hacemos?, preguntó Joel, luego de 5 segundos Lencho le dijo a su hijo que irían rápido a darle aviso a Aníbal, velozmente los dos corrieron, cruzaron el cerco con gran habilidad, comenzaron a avanzar por el cerco que dividía el terreno de Aníbal con el de Venancio, pero al llevar apenas 100 metros avanzados, comenzaron a escuchar gritos y disparos, luego de un minuto sólo se escuchaban gritos, así que regresaron a ver qué pasaba, se colocaron en el borde del barranco del lado de Aníbal tras unas rocas, vieron entonces por la claridad como en el fondo del barranco 7 siluetas corrían buscando el camino de regreso, 7 de los 10 hombres que iban a robar ganado subían velozmente, en el fondo habían 3 hombres tirados entre el pasto y arbustos, a 30 metros de donde escalaban los aterrados ladrones Joel apuntaba con su arma al grupo listo para disparar, pero Lencho detuvo a su hijo y le dijo en voz baja: “Perate, a lo mejor vienen perseguidos por los hombres de Venancio, si es así que ellos se encarguen, pero no venían perseguidos por nadie, los 7 hombres subieron y se fueron por donde habían llegado.

Tanto Lencho como Joel de pronto vieron como en el fondo, los tres hombres eran arrastrados al mismo tiempo, por una silueta un tanto oscura como de dos metros de alto, sin saber que era el tronchador, los dos se quedaron impresionados al ver cómo era fácil para este ser arrastrar a los tres hombres al mismo tiempo, luego vieron como desde el fondo del barranco los empezó a subir por un costado hasta que ya no les fue posible ver qué pasaba por las copas de los árboles, luego de esto decidieron de todos modos ir a casa de Aníbal a dar aviso, el terreno de Aníbal era muy grande, las siluetas de las reses eran claras por la luna, de pronto divisaron la casa grande, los perros comenzaron a ladrar y les salieron al encuentro, pero Lencho y su hijo comenzaron a chiflar para que los reconocieran, estos perros fueron alimentados desde pequeños por ellos cuando su amigo por alguna necesidad tenía que salir de su propiedad, pronto los perros comenzaron a mover la cola, las luces de la casa de su amigo estaban prendidas y un grupo de 5 hombres estaba afuera de ella.

El Tronchador

Aníbal se preparaba para ir a ver qué estaba pasando junto con algunos de sus trabajadores. Aníbal se puso contento al ver a sus amigos, éstos al llegar pronto le dieron parte de todo lo que habían visto, Aníbal les pidió que los llevaran al punto donde se habían dado los sucesos, ya estando ahí, bajaron al barranco, no había señales de lucha ni encontraron armas tiradas, pronto llegó también Venancio junto a 20 de sus trabajadores, como siempre era altivo y altanero, luego de ponerlo al tanto de lo que había pasado, Venancio les pidió que simplemente no cruzaran hacia su lado, porque de ahora en adelante por lo que había pasado sus hombres tirarían a matar.

Todos se retiraron, al despedirse Lencho de Aníbal le dijo que por lo único que se preocupaba era por la figura oscura que había arrastrado los tres cuerpos, Aníbal dijo entonces que pudo haber sido uno de los hombres de Venancio, uno de sus guardaespaldas personales, entonces sus amigos se recordaron que estos eran muy altos y fuertes, lo que hizo que se quedaran más tranquilos, pero en ese momento escucharon disparos que venían de casa de Lencho, entonces todos apresuraron el paso llegando pronto al lugar, Chito había disparado a un par de hombres que no se habían identificado al hablarles éste, uno había huido herido de un brazo y otro yacía en el piso, era un patojo como de 15 años, Chito era buen tirador, pero no como para matar un cristiano, así que sólo decidió herirlos, el muchacho que estaba en el suelo herido de una pierna les suplicaba que no lo mataran, que los hombres que los habían llevado los habían dejado ahí, con amenazas de matarlos si los seguían.

A veces los ladrones reclutan patojos para que aprendan el oficio desde pequeños, y por las cercanías de esas tierras había mucha gente con necesidad, el buen corazón de Aníbal se compadeció y decidió llevarse al patojo para curarlo en su casa, los hombres de éste ayudaron al muchacho y cargaron con él, los amigos se despidieron y quedaron en estar más atentos y como siempre ayudarse si era necesario.

Luego de esto pasaron meses sin ningún acontecimiento fuera de lo común, sólo había algo que no les gustaba, a veces por la noche escuchaban un grito lejano como de animal, pero éste no era un puma, no era un coyote, no era ganado, no era nada que ellos conocieran, Aníbal también lo escuchaba desde su casa, por lo que externaba también su preocupación, varias veces bajaron a rastrear al animal pero nunca encontraron nada.

Hasta una tarde de invierno, en que de nuevo estaban componiendo el cerco cerca del barranco donde colindaban las propiedades, Lencho, Joel y Chito cambiaban el alambrado bajo los cuentazos de agua cuando escucharon a una res cuando mugía en el fondo del barranco del lado de Aníbal, la res se encontraba en problemas, había quedado varada entre barro y agua, rápidamente los tres bajaron a rescatar la res de su amigo, al llegar fue fácil hacerla reincorporarse y que tomara camino hacia arriba, la tarde estaba oscura por la copiosa lluvia, demasiado tal vez, comenzaron a escuchar algo entre la lluvia, algo los estaba siguiendo 10 metros arriba de donde iban ellos, entre arbustos y rocas.

Lencho poco a poco disimuladamente preparaba su rifle y quitaba el broche que sujetaba en su vaina a su machete, entonces, algo les comenzó a tirar piedras, pero no eran piedras pequeñas, eran como de 15 centímetros de diámetro aproximadamente las más pequeñas, los tres se agazaparon en el fondo tras unas rocas, las piedras grandes que les lanzaban tronaban al golpear las rocas donde se habían puesto a salvo, tanto que algunas parecían truenos, Lencho era muy ágil, luego de cada golpe se movía a los dos extremos de su improvisado refugio tratando de encontrar un punto al cual disparar, pero era casi imposible hacerlo sin que le dieran con una piedra, parecía que lo que fuera que estuviera atacándolos se moviera más rápido que una bala, pronto se escuchó que la bestia que los tenía atrincherados gritó fuerte y horriblemente, era el grito que escuchaban por las noches a lo lejos, ésto les heló la sangre, luego de varios disparos hechos por los tres hombres, les quedaban pocas balas, los muchachos se las dieron a su padre por orden de él, 5 tiros les quedaban para salvar la vida.

Lencho dio una mirada a sus hijos, estaban llenos de lodo, jadeaban del cansancio, mojados hasta los huesos porque la lluvia no cesaba, les sonrió y les dijo: “Corran lo más rápido que puedan a casa de Aníbal, cuiden a su nana y a sus hermanos”, los muchachos no dijeron nada, pero entendieron, Lencho entonces se hizo hacia la derecha de las rocas que los cubrían, entonces una roca casi le da en la cabeza pero éste dio un vueltegato, poniéndose de pie de nuevo rápidamente, disparó más por cálculo que por puntería con el rifle dando en el objetivo 5 veces, luego de una pausa, dijo: “Te di hijueputa”, entonces el grito se escuchó de nuevo pero ahogado, una gran roca entonces golpeaba la cabeza del pobre Lencho, los muchachos que ya corrían vieron a su padre caer, se detuvieron, la bestia avanzó hacia él, era alto, oscuro, no estaba desnudo pero no era ropa lo que tenía, eran cabellos y trapos lo que lo cubrían de la cintura hacia abajo, en sus manos habían tres grandes dedos gruesos, no era humano, cara grotesca y gruesa, nariz ancha, ojos grandes y muy separados, cráneo enorme de donde salían dos protuberancias que parecían cuernos torcidos, parecidos a los de los toros solo que un poco más pequeños, tomó al pobre Lencho, lo levantó y lo hizo caer de espaldas en una de sus piernas que tenía recostada en una roca, quebrando la espalda de éste y acabando con el pequeño hilo de vida que aún tenía.

Los muchachos sacaron sus machetes y atacaron a la bestia herida, pero fue inútil, ésta los golpeó haciendo que quedaran inconscientes, Chito veía moribundo como se acercaba el animal o lo que fuera a ellos luego de lanzarlos lejos, parpadeaba, la lluvia que caía en sus ojos entorpecía lo que veía, todo le daba vueltas, sentía sabor a óxido en la boca por la sangre, pero en medio del desvarío vio como descendía Aníbal de lo alto con sus hombres disparando hacia arriba y gritando a la bestia, luego de esto quedó desmayado.

Una semana después, Chito despertaba en la casa de Aníbal, a la par estaba su hermano aún dormido en otra cama, en frente su madre se alegraba de verlo despertar, cuando la razón regresó a su cabeza, se enteró de que a su padre ya lo habían enterrado, su hermano estaba peor que él y que la bestia había sido abatida por Aníbal y sus hombres, luego de semanas de recuperación Joel y Chito regresaban a sus casas, la noche en que regresaron llegó Aníbal a ver cómo estaban, Aníbal realmente estaba deshecho por la muerte de su mejor amigo. Joel quería venganza, quería matar al que sin duda tenía el corazón y el alma tan negra como para crear una aberración como lo es un Tronchador, ese había sido Venancio sin dudas, que por miedo a que le robaran o quitaran su fortuna había pactado para tener uno en sus tierras.

Pero Aníbal le dijo: “No te preocupes, Venancio está ya muerto, yo mismo lo maté, sus trabajadores no lo querían, así que me facilitaron las cosas, la familia que tiene que vive lejos, está feliz de que les compre la propiedad, y a ustedes no les faltará nada”.

Caminando solo

Aníbal no sólo se encargó de que no les faltara nada, apadrinó a los 10 hijos de su finado amigo Lencho y cuidó de su mujer, incluso a todos les dio un gran pedazo de tierra, sin papeles pero era completamente de ellos, de todo tenían, nada les faltaba, toda la comida y hasta el agua Lencho se los daba, a Chito y a Joel les daba mucha pena pero al ver a sus hermanos pequeños y a su madre felices, aceptaron estos regalos.

Laura crecía en edad y belleza, muchos la cortejaban pero como era ahijada del bueno y gran Don Aníbal, nadie se acercaba por mal a ella, la casa de los muchachos cada vez iba siendo más grande y bonita, al punto de ser casi tan bella como la de don Aníbal, éste los visitaba todos los fines de semana en compañía de su mujer y de algunos de sus trabajadores de confianza, entre ellos una ama de llaves que tenía especial cariño por Laura, ya que le daba de todo para consentirla, pero la muchacha jamás fue interesada ni altanera, lo que hacía que Aníbal la cuidara más.

Pasaron 7 años desde aquel suceso, casi todos los hijos de don Lencho habían tomado posesión de las tierras regaladas por el buen Aníbal, casi todos estaban casados, menos los dos varones más pequeños que estudiaban en la capital y Laura que cuidaba de su mamá, los únicos que aún vivían en la casa materna con sus esposas eran Joel y Chito, que no descuidaban a su señora madre.

Lo extraño acá, es que doña María, esposa del finado Lencho, quería tener nietos, pero ninguno de sus 7 hijos casados se los daba, esto se lo contó ella en confianza a Aníbal, que le dijo entonces: “Cuando Dios quiera éstos vendrán María, tenga paciencia”.

Pero siguieron pasando los años y ninguno de los hijos de Lencho tenían descendencia, fuera de eso todo marchaba bien, hasta que un día, Joel y Chito se habían quedado platicando en la sala de la casa, ese día su señor padre cumplía 10 años de muerto, en el fuego de la chimenea el sonido de las brasas incandescentes contrastaban con el sonido de la lluvia, entonces, a lo lejos, creyeron escuchar un aullido extraño pero conocido, su memoria entonces los puso en la escena de 10 años atrás, Joel dijo: “Esto no me cuadra, ese demonio no murió del todo, o viene a atormentarnos después de 10 años”, sin decir nada se armaron, pero ya no con rifles, sino con escuadras calibre 40, salieron entonces, decidieron no molestar ni avisar al buen Aníbal, no creían que el pudiera escuchar al tronchador, ya que el grito de éste casi ni se escuchaba en sus tierras y la casa de su amigo estaba mucho más lejos que la de ellos del barranco aquel.

En el camino decidieron pasar por la tumba de su padre, que estaba a escasos metros del barranco, otro de sus hermanos estaba ahí, era el que les seguía en edad, éste se llamaba Jacobo y tenía mejor puntería que sus hermanos, al principio ellos no querían que los acompañara, pero mientras éstos discutían bajo la lluvia se acercó Maco, otro de sus hermanos que venía armado con un rifle de alto calibre, entonces comenzaron a discutir los cuatro cuando aparecieron tres hermanos más, Josué, Mario y Armando, siete de los 9 hijos varones de Lencho se encontraron bajo la lluvia, pasaron de discutir a planear que iban a hacer, entonces Armando el más pequeño que tenía 18 años dijo: “Yo sé que ese es el mismo animal que mató a mi papa, yo lo escuchaba también”, si llego a tener hijos no quiero una amenaza como esa cerca de mi familia”, todos comprendieron que no era sólo un asunto de venganza, sino que también se trataba de la seguridad de sus familias.

En una noche lluviosa de invierno 7 hombres descendían silenciosamente por un extravío del barranco aquel, el sonido del animal venía desde una cueva oculta entre árboles en el barranco, se separaron en dos grupos, uno de 4 y otro de 3 donde iban Joel y Chito que cuidaban de Armando, su hermano más pequeño. Pronto los dos grupos se dieron cuenta que la cueva estaba siendo cuidada por tres hombres fuertemente armados y con los rostros cubiertos, los muchachos del grupo de 4 esperaron a que el grupo de tres actuara para hacer algo, ya que según ellos iban tras una bestia no tras de otros hombres, poco a poco los tres hermanos, Joel, Chito y Armando se fueron acercando, sabían cómo inmovilizar a los guardias, pero antes de que actuaran uno de los guardias dijo: “Ojalá que al patrón no se le muera su cosa esa, con eso hemos vivido tranquilos por años, al igual que los que estuvieron antes que nosotros”, Entonces Chito comentaba en voz baja: “Ese mierda del Venancio está vivo”, entonces Joel dijo también muy quedito: “Entonces hay que matarlo bien”.

Los planes de inmovilizar a los guardias cambiaron, tres sombras se acercaron a los guardias dándoles muerte con cuchillos, sólo el murmullo ahogado de la muerte de estos se escuchó bajo la lluvia, los dos grupos de hermanos se reunieron nuevamente, se descalzaron y entraron en la cueva para no hacer ningún ruido, se entendían bien entre ellos sin hablar, al entrar la escena era confusa y horrible.

Compadres

Ahí estaba el señor del pisto, ese era don Aníbal, acompañado de la “principal” que había hecho el rito años atrás, que era la ama de llaves de este, habían 5 hombres más, todos hacían oraciones extrañas alrededor del tronchado que agonizaba en el piso, “Le llegó su hora al tronchador” decía la “principal” mientras enjugaba un par de lágrimas, entonces Aníbal dijo: “Pronto haremos otro bruja, igual de grande y fuerte”, entonces la “principal” le dijo: “Pobrecito, y pensar que estuvo molesto con usted por no dejar que se comiera la carne del Lencho”, entonces Aníbal le respondió: “No iba a dejar que se lo comiera, teníamos que hacer como que habíamos matado a éste para vivir tranquilos y sin represalias”, la “principal” entonces comentó: “Casi se nos muere cuando ese cabrón le atinó a meterle 5 balazos en el pecho, pero como pacto es pacto, vivió el tiempo que tenía que vivir”, entonces Aníbal dijo algo que dejó fríos a los hijos de Lencho, que escuchaban en la oscuridad a una buena distancia: “No te preocupes bruja, por algo les di las tierras que están a mi nombre, aparte que con lo que les damos en el agua no podrán tener hijos nunca, ya la próxima semana les diré que le regalaré un viaje a su hermana, pero a esa la quiero para que dé a luz a otro tronchador, espero bruja que no te haga falta la niña por lo mucho que la consientes”.

Pero la principal le contestó alegre y rápidamente: “No patroncito, si eso le iba a decir yo, que esa patoja tiene buenas caderas para madre de uno muy grande”, los 7 hermanos salieron entonces de la oscuridad, todos con las armas en las manos, Aníbal y la bruja se vieron sorprendidos, Aníbal dijo entonces: “Con todo lo que les he dado espero que no hagan estupideces”, Joel dijo entonces: “De aquí te vas directo al infierno hijueputa”, los hombres que estaban alrededor del moribundo tronchador se les fueron encima pero, en menos de 15 segundos fueron abatidos todos, los llenaron de plomo sin piedad, el tronchador se paró con su último aliento, queriendo proteger a Aníbal y a la bruja, necesitaron cerca de 100 balazos para que muriera, Jacobo le pegó 10 tiros en la frente, antes de cada tiro le pedía a Dios que calaran en la cabeza de éste, ya que es protegido por el mal desde su nacimiento, luego del séptimo tiro comenzó a salir masa encefálica del cráneo de la bestia.

Luego Joel mató a Aníbal y Chito iba a matar a la bruja, antes de que la mataran les dijo que ella no sabía hacer otra cosa más que eso desde que tenía memoria, que tenía más de 70 años pero se miraba como una dama de 30, que les podría dar juventud y los tronchadores que quisieran para sus propiedades, como estaba dispuesta ha hacerlo también con los descendientes de Aníbal que eran tres y vivían lejos, ellos no sabían lo que hacía su padre, pero que ella se encargaría de ponerlos al tanto para que siguieran con la tradición de su familia.

Luego de esto un balazo certero pegó en la frente de la bruja, fue Armando el que terminó disparando, metieron los cadáveres de los guardias en la cueva junto con los otros, decidieron llevarlos lo más profundo que pudieran y quemarlos ahí, cuando arrastraban a los primeros cadáveres al fondo de la cueva pronto dieron con un espacio grande, donde encontraron monedas de oro y joyas, era por esto que tenían al tronchador, para guardar el tesoro de la familia de Aníbal, luego de esto tomaron lo que pudieron que fue casi todo, quemaron los cadáveres y se retiraron.

Días después se marcharon, le dijeron a su madre que Aníbal llegaría a visitarlos, aunque meses después le inventaron que Aníbal había muerto por razones naturales y que la llevarían al cementerio para llevar flores a la tumba del que fue amigo de su esposo, como tenían fondos ilimitados por lo que se llevaron, fue fácil fingir todo después.

Chito me cuenta que los únicos que pudieron tener bebés en su familia fueron Laura y sus hermanos que estudiaban acá en la capital pero los demás nunca, los que tuvieron familia nunca supieron de esto. Chito con su esposa adoptaron a dos niños, éstos ya los hicieron abuelos, lo malo dice Chito, es que al parecer no es el único caso que existe sobre este fenómeno, pero ya no le importa, ya que nunca más tuvo contacto con los descendientes de Aníbal ni nadie más de esa comunidad.

Investigación, historia y narración: Fernando Andrade Mazariegos (Todos los derechos reservados Guatemala diciembre 2015)

Agradecimiento a Marivel Moral por compartir sus conocimientos del tema con mi persona.

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