La cocha monstruo

La cocha monstruo

Era el año 1959 José regresaba de trabajar a su casa, volvía después de haberse ausentado de su querida ciudad algunos meses, sin saber la experiencia que tendría con la cocha monstruo, como era marimbista tenía que aprovechar la época de ferias y celebraciones de algunos departamentos.

Al llegar, lo fueron a buscar para saludarlo algunos primos entre ellos Domingo e Higinio que también habían tenido una buena temporada con la marimba, en ese tiempo como ahora, Xela era una cuna de grandes artistas y entre ellos por supuesto estaban los músicos, de los cuales muchas obras aún deleitan nuestros oídos.

Entre los amigos que llegaron a visitar a José estaban Ramiro y Juan, escuchaban entusiasmados las historias que su amigo traía de sus salidas con la marimba, pero en el fondo a José solo le interesaba tener noticias de Isabel la que entonces era su novia y con la cual mantenían poca comunicación, la que era en aquel entonces por telegrama y muy eventualmente.

Ramiro: “Fíjate José que Isabel sale muy poco de su casa, además mi hermana que es su amiga dice que habla mucho de ti y le ha leído en confidencia tus telegramas”.

Estas palabras fueron dulces al oído de José, que no aguantaba las ganas de que se hiciera de noche para ir a tocar a la ventana de Isabel y verla, en aquel entonces no era tan fácil que un muchacho entrara solo así en la casa de la muchacha a la cual pretendía, las familias se cuidaban mucho de resguardar la integridad tanto de las señoritas como del apellido de la misma.

Al oscurecer, José acompañado de sus amigos Ramiro y Juan se encaminaron entre callejones oscuros y calles empedradas a la casa de Isabel, después de una pequeña lluvia, la luna reflejaba en el suelo como espejo, los candiles y escasas luces que habían en aquel entonces.

Ya estando cerca de la casa de Isabel, Juan se anima a decirle a José: “El pueblo sigue igual desde que saliste pero algo anda molestado por las noches y hoy a media noche queremos juntarnos en la esquina de la parroquia, haber si vemos pasar a la cocha”.

José: “Esos son cuentos para que los niños no se escapen de noche a jugar, además que tiene de raro ver una cocha en la calle” agregó.

Ramiro: “Lo que pasa José, es que ese animal no es normal, aparte de que es tan grande como una vaca, le gusta golpear y morder a la gente, algunos han pasado semanas en cama después de un ataque de ese monstruo”.

José: “Entonces quitémonos la curiosidad, luego de ver a Isabel llegaré a la esquina para acompañarlos y echarnos un cigarrito, que les aseguro será lo mas sorprendente de la noche”.

José vio poca luz en la ventana de Isabel, señal de que aún no se había dormido, eran las 10 de la noche, el muchacho tocó suavemente la ventana de Isabel 7 veces, para que supiera que era él.

Rápidamente se abrieron las puertas de la ventana, el rostro de la muchacha se iluminó con una sonrisa, extendió la mano a su amado mientras le decía: “Te tardaste mucho en venir, de plano por andar con tus amigotes, pero no me molesta, son buenos muchachos”, José besando la mano de la señorita comentó: “Me dijeron que te habías olvidado de mi, es más, ya no iba a venir mientras guiñaba un ojo”.

Los enamorados se pusieron al día, José le dio un fardito de poemas que le había hecho a Isabel, ella muy contenta los recibió y los guardó, José le preguntó como estaba su señora madre, doña Sofía, que si bien sabía de la simpatía que ambos muchachos se tenían, aún no dejaba que José entrara a su casa formalmente como prometido de su hija, pero si permitía que de día llegara a saludar como un amigo cualquiera.

Isabel: “Pues mi mamá ahí, siempre con sus achaques, mi tío Esteban siempre le consiente también sus enfermedades, ya sabés que la luna le afecta en sus articulaciones, bueno eso dice ella, pero ya me dio permiso de salir los días de feria, algunas noches ella me acompañará y en otras podremos salir con las amigas de la iglesia y creo que podré verte un ratito.”

De pronto una voz en tono de regaño puso en alerta a los enamorados: “Porque rayos aún hay una vela encendida, cierren esa ventana, no ven que el viento afecta mis huesos”. Rápidamente José se escondió entre las sombras mientras Isabel cerraba la ventana y recibía el respectivo regaño: “Como yo vea a uno de tus amigos por acá, aunque sea José, me las pagarás, no es hora de que una señorita de tu clase reciba visitas y menos de músicos pobretones”.

Luego de salir del apuro, José se encaminó hacia la iglesia de la parroquia, donde de seguro lo estaban esperando sus amigos con los cuales de vez en cuando trasnochaban platicando o simplemente caminando mientras se fumaban sus cigarritos de tusa o de tabaco natural.

Los muchachos que estaban ya reunidos como a las 11:30 de la noche, vitorearon el regreso de José, lo pusieron al día de todo lo ocurrido mientras el no estaba, era un grupo alegre de entre 9 y 13 muchachos que habían crecido juntos y eran amigos.

La llegar las 12:30 de la noche y no ver nada, decidieron comenzar a caminar a sus casas, había un regular numero de personas en la calle debido a la cercanía de las fiestas patrias, al dar la vuelta para empezar a caminar entre los callejones de piedra, escucharon gritos, los muchachos se dirigieron hacia una de las calles principales, mucha fue su sorpresa al ver un animal grande del tamaño de una vaca, que efectivamente parecía una cocha, la cual aventaba a las personas que se encontraba en su camino, algunas personas le disparaban sin atinarle a la bestia, aunque ésta estuviera enfrente, este animal iba descendiendo por las calles y nada la podía detener.

El animal era realmente extraño, oscuro por momento, parecía deformarse por ratos, a veces se miraba que tenía más de cuatro ojos, a veces sólo se veían brillar dos como fuego, lo extraño es que al ver al grupo de muchachos donde estaba José, ésta arremetió contra ellos, pero los muchachos hábiles o se subían a una pared, a un farol, a un árbol o bien simplemente le esquivaban.

Ramiro junto con Juan y otros dos muchachos, lograron hacerse de unos palos que estaban en una zanja donde estaban haciendo reparaciones, José tomando uno de estos leños, empezó con los demás a repartirle golpes a la cocha, la cual gritaba horriblemente, y como los muchachos en grupo eran más hábiles, luego de tirar a un par de ellos, salió corriendo mas rápido de los jóvenes y se perdió entre la oscuridad.

José y Ramiro luego de asistir a sus compañeros, comenzaron a ayudar a las personas que habían sido víctimas de este endemoniado animal, muchos agradecieron el heroísmo del grupo de muchachos, esa noche, la mayoría de la gente se enteró de lo que había pasado, algunos empezaron a decir que de plano era histeria colectiva, otros aseguraban que habían sido víctimas en otras ocasiones en caminos más alejados de ese mismo animal y no faltaron aquellos que aseguraron que la cocha era el mismo diablo, pero hubo una señora, doña Juana, una de las señoras más ancianas de la ciudad, que aseguró que era obra de una mujer que había hecho pacto para transformarse en animal para hacer daño, daño por el cual recibiría en pago dinero de manos del mismo mal.

Al día siguiente José recibió una nota de parte de Isabel donde decía: “Urge que venga a mi casa, mi madre está muy mal, ella y mi tío desean platicar con usted”.

Sin perder tiempo José se dirigió a casa de Isabel, en la sala de la casa lo esperaba la muchacha y don Esteban, la señorita entre lágrimas le contó a José que la tía de ella había salido la noche anterior junto con su tío, para ver de emergencia una de las tiendas de tela que tenían en la ciudad, porque le habían llegado a avisar que vieron a personas merodeando cerca, lo malo es que en un momento en que se separo doña Sofía de don Esteban, la cocha la tiró y la dejó toda golpeada.

Y ella por temor a morir en esos días, quería platicar con José, ya que como el tío Esteban estaba muy viejo y si ella faltaba, Isabel no tendría a nadie más en el mundo que a él, José se sintió alagado, y al pasar a la recamara donde estaba doña Sofía convaleciente, ésta le habló muy tiernamente, cosa realmente rara. Ya entrando en confianza doña Sofía le dijo a José: “Mijo, vete lejos, para que ese animal no te haga daño, porque dicen que cuando alguien la enfrenta, ella vuelve por ellos los busca y los mata, diles a tus amigos que ya no salgan de noche, pobrecitos, así no les hará daño, luego de unos años vuelve por Isabel, yo sé que ella te esperará”.

Los oscuros callejones

Aunque el muchacho se sintió alagado le pareció extrañas algunas cosas que la señora le dijo, pero pensó que tal vez era por el delirio de los golpes que la cocha le había dado, cosa que a José le dio pena y le dijo entonces a doña Sofía: “No tenga pena señora, volveré cuando usted se mejore y así terminamos de platicar”, José se retiró acompañado de Isabel, mientras caminaban por la ciudad ella le contaba que tenía pena por la salud de su tía y por él, ya entrada la tarde, la encaminó a su casa, luego de eso José se retiró a sus habitaciones, estaba ideando un plan.

El siguiente jueves por la tarde José se encaminó a la iglesia para platicar con el sacerdote y pedirle ayuda, luego de confesarse, le contó al padre Marcos, su plan de enfrentar al animal al día siguiente, ya que había logrado descubrir que era los días viernes en que más salía la cocha a molestar, el padre Marcos trató de evitar a toda costa que hiciera tal tontería, pero al ver la decisión del muchacho y por haber sido amigo desde la infancia con la madre del joven no pudo más que darle su bendición.

Bendijo también el revolver que éste tenía así como 5 balas, en las cuales el sacerdote grabó una cruz en la punta de cada una de ellas ayudado con una sierra, luego puso una gota de agua bendita en cada una y la selló con cera de candela, parece algo que nunca haría un sacerdote, sin embargo, tal vez por pena de que el muchacho muriera y para que por lo menos éste tuviera mas confianza.

Llegó la noche y con ésta la espera del grupo de muchachos, algunos armados con cuchillos, otros con palos, algunos con armas, pero como José tenía un plan, todos sabían que sólo él dispararía.

De pronto se vio la sombra del horrible animal que venía descendiendo por uno de los callejones, al ver a los muchachos, a pesar de que había más gente por la calle, se dirigió directamente a ellos, cosa que José esperaba, entre todos rápidamente empezaron a golpear al animal, pero ésta iba detrás de José. Él corrió rápidamente hacia una zanja, donde continuaban con las reparaciones de la calle, la saltó ágilmente, el animal por su peso trastrabilló cuando calló del otro lado de la misma, momento que José aprovechó y disparó dos veces, acertando un tiro en la nalga del animal y otro en la pata delantera izquierda.

cocha monstruo

La cocha dando gritos salió corriendo nuevamente entre las sombras, José se frustró al no poder haber terminado con la vida de la misma de una sola vez, lo malo es que le llegaron a decir que doña Sofía estaba convaleciente porque la cocha la había tirado nuevamente, cosa que José no entendió.

José caminó rápidamente junto a sus amigos y otros pobladores a casa de la señora, al entrar en la casa, Isabel estaba llorando, rápidamente don Esteban le pidió ayuda al muchacho para atender a doña Sofía, ya que el médico aún no había llegado, éste estaba atendiendo a Ramiro, que lamentablemente por ayudar a José, se interpuso en el camino de la cocha.

Al entrar los dos en el cuarto de la señora, ella no quiso que prendieran las velas, no quería luz, porque estaba desnuda decía, don Esteban le aseguraba que sólo querían ayudarla, entonces la señora empezó dar pequeños lamentos y entre los lamentos por ratos se reía, al entrar Isabel con una vela y otras señoras, vieron sangre en las sábanas con las que estaba cubierta su tía.

José notó, que la señora tenía un balazo en la nalga y otro en el hombro del brazo izquierdo, la gente que vio lo que había pasado en la calle se dio cuenta que la señora tenía los mismos tiros, en ese momento supieron que ella era la cocha.

A pesar de los balazos y los golpes, doña Sofía escapó por la ventana de su cuarto, perseguida por algunos pobladores que en el camino contaron a otros lo que habían presenciado, algunos que sabían algunos secretos, envueltos en ira, llevaron sacos de sal en la persecución.

Lograron darle alcance en un cerro, en la entrada a una pequeña cueva, ésta pronunció el nombre del maligno y aseguró a todos que los mataría al convertirse nuevamente, porque no había persona que la alcanzara, ni bala que le causara daño nuevamente, pero cuando empezó su transformación, una escena asquerosa y horrenda, algunos pobladores en nombre de Dios le vaciaron los costales de sal encima junto con agua bendita.

Dicen que se empezó a deshacer entre carne, huesos, gritos de mujer y gemidos de animal, sólo quedó una masa deforme que los pobladores cuidaron de quemar. José no tomó parte en esto.

Unos días después, Isabel tomaba viaje a México junto con su tío Esteban, ayudados por José salieron a escondidas de madrugada temiendo que les hicieran algo a ellos también. Don Esteban había confesado a José que sabía que su hermana era bruja, pero no de tal nivel y que Isabel gustaba de las mismas costumbres de su mamá, pero que podía hacer él, amaba a su sobrina, no la dejaría sola.

José siguió como virtuoso marimbista, aunque sus obras no llegaron a conocerse como la de sus primos, tuvo una buena vida, fue buen padre, sus descendientes me contaron su historia.

No es el único caso de esta índole que se conoce, sólo que a veces son cochas, otras vacas, hasta perros o gatos, incluso arañas grandes y escorpiones gigantes.

A veces me pongo a pensar que sería interesante encontrar los tres tiros del revolver de José que no fueron detonados.

Investigación, historia y narración: Fernando Andrade Mazariegos (todos los derechos reservados, Guatemala octubre 2,014)

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