La guitarra

La Guitarra

Una silueta corre de noche bajo la lluvia, trata de proteger algo con su abrigo, el joven músico llega a su sencilla pero amada casa, su madre lo reprende por llegar mojado y tan tarde, le dice que su señor padre ya duerme, con cariño toma un trapo y ayuda a secar una guitarra que tomó prestada para aprender a tocar.

El músico deja la guitarra recostada con las cuerdas hacia arriba en un sillón de la sala, apaga las luces y se prepara para dormir, en su mente hay melodías que aún no comprende y quisiera interpretar, como nadie le quiere enseñar a tocar, se siente un poco frustrado con su desempeño, pero, apenas tiene dos semanas de aprender solo.

La guitarra

Los sonidos de la guitarra

El sueño lo vence, el sonido de la lluvia le ofrece una rica noche para soñar y éste cae en un profundo sueño, pero la apacible noche cambia, de pronto, un completo silencio envuelve el lugar, ya no llueve, todo está callado, de repente, llega al oído del músico un sonido conocido, pareciera que alguien jalara la primera cuerda de una guitarra, como revisando si está afinada, esto despierta al músico, escucha claramente como jalan una por una las cuerdas de una guitarra de abajo para arriba, de primera a sexta cuerda.

Ya despierto completamente se pregunta: “¿Quién de los vecinos tendrá guitarra?” paralelamente, el sonido de la guitarra es mas claro, siempre, cuerda por cuerda hacia arriba, lento pero claro, el músico palidece al ubicar que el sonido viene de la sala de su casa, alguien efectivamente está jugando con su instrumento, entonces un viento suave mueve la cortina de su cuarto, el joven piensa que encontró la lógica respuesta de lo que pasa y dice para si mismo: “Como dejé la guitarra recostada con las cuerdas hacia arriba y hay viento es lógico que las cuerdas vibren y suenen”, tiene deseo de ir a ver a la sala, pero no se anima.

Luego todo queda en silencio nuevamente, el joven (que para entonces estaba sentado en su cama), vuelve a recostarse, cierra los ojos, respira profundo y justo antes de quedarse dormido, se escucha un rasgueo potente hacia abajo que hace sonar todas las cuerdas de su guitarra, rasgueo que resuena en toda la casa, seguido de rasgueos suaves, el muchacho sabe que no es el viento, ya que sabe que alguien está haciendo acordes, primero un re mayor, seguido de un sol mayor, después un mi menor.

El joven comparte el gran cuarto donde duerme con sus padres, solo dividen la habitación dos grandes y viejos roperos, el sonido de los acordes y melodías llenan el cuarto como cuando una sombra proyectada por un objeto desde un foco, ocupa gran espacio de algún lugar, el músico entonces piensa que está soñando, sí, está soñando, incluso escucha una risa de un hombre (que es poco perceptible), que se cuela entre los acordes.

“Deja de tocar guitarra, ya es noche” le dice molesto desde el otro lado de la habitación su señor padre y agrega segundos después: “Deja la guitarra en la sala y venite a acostar o te cinchaceo”, pobre músico, amenazado injustamente por su señor padre, ¡Pero rayos!, no está soñando, un escalofrió recorre el cuerpo del muchacho, escalofrío que eriza todo su cabello.

El muchacho toma aire y responde a su señor padre: “Yo no soy el que está tocando la guitarra papa”, tanto el padre como el hijo quedan en silencio, pero siguen tocando la guitarra, suena que suena la melodía, pareciera que el que la tocara se hubiera dado cuenta de que alguien le pone atención.

Tocando guitarra

Entonces se escucha la voz del papá del músico, que, enérgicamente le dice a su hijo: “Esa guitarra la trajiste vos, entonces anda a ver qué está pasando, porque, tanta bulla no me deja dormir”, el pobre músico se debate entre ir a ver qué está pasando, o recibir una segura golpiza por no hacerlo.

El músico piensa en vos alta para darse valor: “Acaso no voy a la iglesia todos los domingos?, no es por tocar en misa que casi me humillo por tener esa guitarra?, acaso no la uso para enseñarles a los niños acerca de Dios?”, “¡Anda te estoy diciendo cabrón o te cachimbeo” dijo, entonces, el amoroso padre.

El joven músico se levanta y camina hacia la sala, levanta la cortina de la puerta de su cuarto y camina descalzo en la oscuridad, la música inunda la habitación, busca con su mano el encendido de la luz, pero no lo encuentra, entre la penumbra de la sala, nota una silueta, de donde proviene el sonido, pero no ve con claridad la guitarra, su mano sigue buscando el interruptor de la luz, pero éste pareciera que se lo hubiera tragado la pared.

El sudor que goteaba en su frente llega hasta sus pies, esto le provoca un resbalón, que casi hace que caiga sentado, pero al incorporarse de nuevo logra encontrar el interruptor, la música continúa y la risa burlona también, el músico con valor ubica su mirada a donde cree que viene todo el alboroto y prende la luz…

Para su sorpresa, la guitarra está con las cuerdas hacia abajo, inclinada sobre el respaldo del viejo sillón, no recostada como él la dejó, no hay nadie en la sala, revisa incluso en la cocina pero no había nadie, “Aflójale las cuerdas para que ya no la suenen”- le dice su señor padre desde el cuarto-, el muchacho se aproxima a la guitarra, toma valor y la agarra con la mano derecha, para su sorpresa, debajo de la guitarra, hay un pequeño peluche de conejito que es de su hermana.

Mientras afloja las cuerdas, escucha a lo lejos por la ventana de la sala, una risa burlona que desaparece con el viento suave de la noche, al terminar de aflojar completamente las cuerdas, pone encima de la guitarra todos los cojines que encuentra, tira a la basura al conejito, encomienda su hogar y su familia a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y se acuesta nuevamente para tratar de dormir tranquilo.

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