La Siguanaba en el puente de la quebrada

la siguanaba

Jorge estaba terminando de ensillar a su caballo, que se llamaba “Tamarindo”, bello animal de color café que Jorge amaba no como a un animal sino como a un amigo.

Hombre montando caballo

Habían quedado con sus hermanos y primos de juntarse para ir a una fiesta en una aldea llamada Ojo de Agua. Lugar en donde la Siguanaba aparecía.

Como solía suceder en aquel entonces, cuando en una aldea había alguna muchacha bonita rápidamente era dada en compromiso con alguno de los terratenientes de esa época, o bien era dada en matrimonio a una edad muy corta lo cual obligaba muchas veces a los muchachos a buscar patojas en otros lados.

Jorge iba como chaperón de los muchachos ya que él estaba casado, sus hermanos Mario, Juan, Justino, y sus primos, Amilcar, Manuel y Lorenzo estaban muy emocionados por la salida.

Como sólo tenían 5 caballos, Jorge llevaba en ancas a su hermano Justino y Manuel iba con su hermano Lorenzo.

El camino de tierra entre cerros y arboledas les parecía eterno y largo a los jóvenes, el más pequeño y tímido del grupo era Lorenzo, era la primera vez que acompañaba al grupo a una aventura de éstas.

Lorenzo, llegando a Ojo de Agua le preguntó a Jorge: “Vos Jorge, ¿cómo me dijiste que le dijera a la patoja que me guste cuando la quiera sacar a bailar?”

A lo que Jorge le contestó: ”Vos decile: señorita guapa, aunque usted tiene unos tobillos gordos y pies feos yo la quiero sacar a bailar”

Entonces Lorenzo preguntó: “¿Tas seguro que así es?”

Jorge contestó: “Puchis, porque crees que tengo mujer pues”

Lorenzo terminó diciendo: “Gracias por tus consejos primo, seguritito que regreso con novia y mi má se pondrá contenta”

Los muchachos no pudieron ocultar la gracia que este consejo les daba, ya que todos pasaron esa iniciación que Jorge les hacía en las salidas que tenían en grupo, consejo que les valió muchas cachetadas de las señoritas en los bailes.

Al llegar dejaron los caballos en la casa de José, el mejor amigo que tenían en Ojo de Agua, quien los emocionó más al contarles que les presentaría a sus primas en el baile.

La fiesta estaba alegre, ya que para la misma habían contratado un grupito que cantaba música norteña y ranchera, lo mejor de todo era que habían patojas por todos lados, los pobres muchachos veían a todas lindas y no sabían por donde empezar a sacar a bailar, pero en menos de 10 minutos todos los patojos a excepción de Jorge y Lorenzo estaban dándole a la bailada en medio del salón.

La aparición de la Siguanaba

Como a las 10 de la noche se reunieron en una mesa para comer, lo cual harían rápido ya que les había ido bien conociendo chicas, bueno no a todos, el pobre Lorenzo llevaba ya 5 cachetadas en la cuenta producto de los consejos de Jorge, quien le terminó de confesar a Lorenzo la broma.

En eso estaban cuando notaron en la esquina del salón a una mujer hermosa, la más linda de la fiesta, la cual hizo que cambiaran la conversación en torno a ella.

Manuel: “Es hermosa pero ya va despreciando a medio mundo, no baila con nadie, no come nada, no habla, pero he de confesar que me encantaría saber su nombre”.

Juan: “A mi ni me volteó a ver cuando la fui a sacar a bailar.”

Lorenzo: “Fue la única que no me pegó cuando la quise sacar a bailar, sólo me ignoró“.

Jorge, a pesar de ser casado tenía fama de buen enamorador y estaba maravillado con la mujer de cabellos negros que estaba viéndolo desde la esquina, la que había despreciado a todos.

Jorge sin decirles nada se puso de pie y caminó hacia ella, llegando le extendió la mano a la dama y le dijo:

”Bella flor, concédame la gracia de bailar esta pieza conmigo”.

La joven ni lo volteó a ver.

“Bueno” dijo Jorge “entonces por lo menos déjeme saber su nombre”.

En ese momento la hermosa patoja lo vió y sonrió, pero no se levantó ni dijo nada.

Jorge volvió y tuvo que soportar las burlas de los muchachos, quienes realmente lo admiraban y querían profundamente.

Cuando José se integró al grupo para ver como iban los muchachos en su cacería, Jorge sin perder tiempo le preguntó por la muchacha, la cual ya no estaba en el salón.

José le dijo que probablemente era alguna patoja de los alrededores de la aldea, ya que hay muchas y muy bellas que sólo se les ve cuando hay alguna reunión, también le comentó que si no quiso bailar con ninguno tal vez era para evitar problemas porque estaba comprometida con alguien.

Al finalizar la fiesta, los muchachos no quisieron pasar la noche en casa de José, ya que eran demasiados y no querían molestar, se despidieron y tomaron de regreso el camino para su casa.

Una luna espléndida de octubre los acompañaba, claro y despejado cielo, lo cual permitía una muy buena vista a los lejos.

Por ratos se hacían chistes y comentaban contentos detalles del baile, Tamarindo, el caballo de Jorge era el más espléndido corcel de su familia, brillaba con el reflejo de la luna, por momentos Jorge hacía que bailara para entretenimiento de los muchachos.

De pronto Tamarindo trastrabilló y no quiso caminar, los otros caballos hicieron igual, se hacían para atrás, Jorge dijo: “A de ser alguna culebra que está a orillas del camino”.

Entonces Justino dijo: “Que culebra va ser sino es la que te despreció Jorgito, mirá ahí va caminando adelante”.

Era cierto, una muchacha iba como a 100 metros adelante en el camino, Jorge la reconoció por su bella cabellera negra y dijo: “Si, es ella”.

Apresuraron el paso a fuerza, ya que los caballos no se sentían cómodos, cuando iban pasando a la par de ella todos saludaron, pero a nadie contestó, sólo cuando Jorge saludó se escuchó que ella se rió: “Ji ji ji ji ji”

Al haberla dejado unos 200 metros atrás Jorge le dijo a Justino, andate con Juan, yo regreso por esa hembra, que de plano la plantó el novio y va de regreso sola a su casa.

Jorge regresó pero los muchachos no se alejaron mucho, querían ver como Jorge convencía a la patoja y se la llevaba a la cerra.

Al llegar con la muchacha Jorge le dijo, la llevo en mi caballo a donde quiera niña, con la misma confianza le extendió la mano para ayudarla a subir, pero cuando sintió la de ella, fue como que le pusieran un pedazo de hielo, pero aún así siguió con el plan que tenía entre manos, pero para su sorpresa Tamarindo no dejaba que ella se subiera en sus ancas, después de varios intentos, aún cuando Jorge le golpeó con la riata, Tamarindo no cedió.

Fue entonces que Jorge se bajó de Tamarindo y empezó a caminar a la par de la joven, la cual ya no mostraba el rostro, Jorge le hablaba pero ella no contestaba, solo se reía “ji ji ji ji ji” lo que alentaba al muchacho.

Al llegar al puente de la quebrada, donde un riachuelo dejaba escuchar el tranquilo cause que llevaba, Jorge notó que los muchachos estaban al otro lado del puente, en eso Tamarindo empezó a bailar, quería llamar la atención de su amo, cosa que Jorge sabía muy bien, pero aprovechó y le dijo a la joven: “vea niña, hasta mi caballo le coquetea, aproveche y tóquelo, ya que a ninguna mujer dejo que lo toque”.

Cuando la muchacha quiso tocar a Tamarindo este se soltó de manos de su amo y empezó a correr desbocado hacia los muchachos que estaban al otro lado del puente, Tamarindo no se detuvo sino hasta 100 metros del puente, en donde los muchachos le dieron alcance.

Esto distrajo a Jorge, debemos de recordar que el amaba a su caballo, cuando volvió a poner atención a la muchacha ésta había bajado al riachuelo en cuestión de segundos, pero eso no le importó a Jorge, la joven estaba desnuda metida en el agua y con una mano le decía que fuera hacia ella.

Lo extraño era que ésta, seguía sin mostraba el rostro, pero Jorge estaba fascinado con la hermosa figura de la joven, la cual seguía llamándolo hacia ella mostrándole sin pena alguna su desnudez.

Jorge empezó a decirle: “Niña, horita bajo, ya voy amor bella flor”, lo que emocionó de tal modo a la muchacha que empezó a dar brinquitos de alegría dentro del agua y cada vez que lo hacía empezaba a reír: “Ji ji ji ji ji” sin mostrarle el rostro, Jorge estaba loco y extrañamente feliz viéndola bañarse desde el puente.

No fue hasta que la dama se agachó para tomar agua con las manos que Jorge palideció, al agacharse ella dejó ver una espalda enmarañada de carne viva y huesos, y para ajuste de males, al incorporarse mostró un rostro alargado y descarnado, sin ojos pero si con dientes y colmios, los pedazos de piel que tenía en su cuerpo eran de un color entre verde y morado en algunas partes.

Jorge se sintió morir, fue cuando ella empezó a reír a carcajadas, las cuales fueron transformándose en lamentos de dolor horribles en el aire, al escuchar esto los muchachos Manuel y Lorenzo dijeron al mismo tiempo: “La siguanaba”, se congelaron de miedo y no se movieron, pero desde donde estaban pudieron ver como sin voluntad Jorge no podía moverse tampoco, estaba petrificado de miedo.

Vieron como ella empezó a avanzar hacia él, Jorge la veía venir, mujer desnuda deforme, de piel arrugada y verdosa, de cabellos largos, negros y lizos, no podía quitarle la vista como por encanto y cada vez estaba más asustado.

Cuando ella estaba por tomarlo con sus brazos una veloz sombra en la noche se interpuso entre ellos era Tamarindo, que llegó a salvar a su amo, en el momento que se puso en medio de ellos aventó con la fuerza de su dorso a la mágica y mala mujer.

Jorge no recobraba del todo sus fuerzas, no podía subirse al lomo de su bestia, pero logró meter la mano en la crin de su caballo, la cual agarro firmemente, Tamarindo empezó a sacar del lugar a su amo casi arrastrado.

Cuando la endemoniada mujer volvió a avanzar hacia Jorge pego los peores alaridos de la noche, extendió sus horribles manos para arrebatárselo a Tamarindo, el cual al verla aproximarse, tal vez por miedo comenzó a bailar colgando Jorge de él.

Fue en ese momento que ella tomó confianza y atacó queriendo agarrar al muchacho que literalmente pendía de las crines de Tamarindo, pero Tamarindo haciendo un rápido movimiento en su baile se puso espaldas a ella y lanzó una patada hacia atras, los muchachos vieron como la Siguanaba voló en el aire por el golpe.

Con esto los muchachos agarraron valor y fueron a ayudar a Jorge, quien tuvo que ser subido por Manuel y Lorenzo al caballo, Justino fue el que llevó en Tamarindo a Jorge hasta su casa, cuando amaneció, Jorge aún gritaba por ratos aterrorizado creyendo que la mujer estaba cerca, no fue hasta tres días después que concilió el sueño.

Dicen que gracias a una bruja buena fue que se recuperó, recuerden que todo aquel que ha estado en contacto con la Siguanaba enloquece o muere, Jorge me cuenta que extraña mucho a Tamarindo, el cual estuvo con él muchos años después de esta aventura, bello animal que no tuvo miedo, salvó a su amo y amigo.

Investigación, historia y narración: Fernando Andrade Mazariegos (todos los derechos reservados, Guatemala octubre 2,014)

Fotos por: Fernando Andrade Mazariegos (todos los derechos reservados, Guatemala octubre 2,014)

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